Bellver, una fortaleza subterránea de 50.000 metros cuadrados

El cónsul inglés en Palma, Allan Hillgarth, envió un informe secreto a su gobierno el 29 de junio de 1937 en el que anunciaba lo siguiente: «Se está construyendo un gran almacén subterráneo bajo el Castillo de Bellver. Relevos de más de cien hombres trabajan constantemente». Soldados y presos republicanos abrieron un espacio en las entrañas de la montaña de casi 50.000 metros cuadrados para guardar cientos de camiones cargados de armas, gasolina y dinamita. No obstante, la historia de esta fortaleza subterránea comenzó con la construcción del propio castillo, en el siglo XIV.
Actualmente, el Ayuntamiento de Palma lo utiliza como atracción turística del 20 de enero, fiesta de San Sebastián, patrono de la ciudad. Cada año unos 3.000 palmesanos admiran sus centenarias inscripciones, desde una en carboncillo hecha en 1461 a las más recientes dedicadas al «glorioso caudillo».

Su entrada está escondida en el bosque. Para llegar hay que subir hasta el castillo y seguir el letrero que reza «secció montada». Al final del camino se guardan los doce caballos de la policía local de Palma. Un poco más arriba hay una pequeña casa en la que pasa el día Martí Company, vigilante y maestro de llaves. «Sobre estas cuevas no hay nada escrito. Ahora saldrá un libro de Pere Galiana que revelará su verdadera historia», afirma.

Existe la leyenda de que hay un túnel que conecta el castillo con el centro de Palma. Martí lo desconoce pero deja una puerta abierta al misterio: «En las últimas reformas del castillo se ha descubierto un túnel, pero está en muy mal estado. Nadie sabe dónde acaba. Yo he recorrido 25 metros a gatas».

El rey de Mallorca, Jaime II, mandó extraer de estas cuevas la piedra con la que levantó el castillo. En los archivos del mismo aparece una referencia a las cuevas en uno de los libros de cuentas. En él se destina una partida de dinero a comprar aceite para las lámparas de los trabajadores que se dedicaban a excavar sus entrañas. Las manchas de aceite se conservan todavía hoy en el techo. Sin embargo, en los primeros metros de cueva no se ve ninguna mancha y además hay excavado un pozo. Ello lleva a pensar que las cuevas fueron utilizadas mucho antes del siglo XIV, quizá por piratas o por la población de Palma para refugiarse de ataques marítimos.

El ilustrado Melchor Gaspar de Jovellanos también visitó las cuevas mientras estuvo preso en el castillo de 1801 a 1808. Para él eran un lugar «lúgubre y apestoso», lo que refrenda la tesis de que debía de vivir gente allí.

300 metros de túnel
Se trata del lugar más fresco de Palma en verano ya que su interior se mantiene todo el año a 18 grados. En la parte más profunda el frío es más intenso por la corriente de aire de la salida. Ésta se construyó mediante un túnel de 300 metros que se acabó en 1941. Martí Company prefiere no recorrerlo de nuevo: «Yo no voy que cojo un constipado». En pleno mes de julio, el aire es muy frío y el suelo está embarrado. Al final se descubre una pequeña reja que impide el regreso al bosque.

En las excavaciones que realizaron los militares durante la Guerra Civil se hizo un descubrimiento asombroso. Al picar una pared dieron con una nueva cueva con inscripciones en castellano antiguo. No se puede entender lo que dicen sin la ayuda de un especialista pero se adivina una fecha: 1461. Es la más antigua que se conserva.

Unos metros más allá aparecen dos fechas más: 1863 y 1878. El acceso a esta cueva es muy dificultoso porque la entrada es un pequeño agujero y en 1985 más de 2.000 metros cuadrados de su techo se vinieron abajo, la mayor parte junto al lugar donde se encuentran estas inscripciones.

Los militares que se guarecieron en las cuevas durante la Guerra Civil también quisieron dejar constancia de su paso por allí. Dibujaron caras, pusieron sus nombres y sus eslóganes. Junto al túnel de salida se puede leer: «Lorenzo Morlà, 1938». Hay también otros nombres más difíciles de leer por el paso del tiempo y un gran «Viva Franco», con la fecha de mayo de 1937.
Cuevas de bellverUn poco más arriba de la montaña hay otra cueva de unos 8.000 metros cuadrados que servía de polvorín. Parece el escenario de una película. Todo está perfectamente asfaltado, hay aceras, puertas, muelles de descarga, señales… El Ayuntamiento lo utiliza ahora para almacenar muebles confiscados en los desahucios. Hay elementos extrañísimos. Nada más entrar hay a la izquierda una estatua de la libertad de unos dos metros de alto. «Es la del American Country», apunta Martí. También se ve material de construcción. «De alguna obra que se quedó sin presupuesto», señala.
(Publicado el 26 de julio de 2009 en EL MUNDO / El Día de Baleares)
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Acerca de manuelaguilerapovedano

Periodista e investigador de la Guerra Civil Española. Doctor, con premio extraordinario, por la Universidad CEU San Pablo y profesor de Periodismo en el CESAG. Autor de "Compañeros y camaradas. Las luchas entre antifascistas en la Guerra Civil Española".
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2 respuestas a Bellver, una fortaleza subterránea de 50.000 metros cuadrados

  1. Nani dijo:

    Me encanta! Me muero de ganas de leer tu primer libro y todos los que le seguirán. ENHORABUENA, JACK!

  2. Pingback: Preparacionistas de Mallorca | Manuel Aguilera Povedano

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