Mi vecino fue piloto de guerra nazi

Mallorca fue un refugio perfecto para ex militantes nazis. Después de la II Guerra Mundial en España mandaba un ex aliado de Hitler y la isla contaba ya con una importante colonia alemana. Es evidente que debieron trasladarse muchos pero sobre el papel apenas hay pruebas de ello. EL MUNDO / El Día de Baleares ha encontrado ahora a uno en Palma. Alguien que tiene una historia que sale por primera vez a la luz.

El antiguo teniente Gerhard carga con su terrible historia ante sus amigos y vecinos sin ocultarse. Vive con su mujer, también alemana, y lleva una vida tranquila de barrio. “Reconozco que he hecho cosas malas, pero el otro bando también las hizo”. Pasa muchas horas ante el ordenador jugando al solitario o viendo la tele. De vez en cuando se encuentra con una película de la II Guerra Mundial: “La historia la escriben los vencedores, por eso los alemanes son siempre los malos“, dice. No conoce a otros alemanes como él que vivan en la Isla.

En su pequeño despacho posee varias maquetas del temido bombardero alemán Stuka, fotos de la guerra y un marco con condecoraciones del III Reich. Al recibir al periódico, su mujer le dice: “A ver si sales bien en las fotos y no como siempre”. Él responde irónicamente: “¿Qué dius?”. Después de las fotos, la primera pregunta es obligada: “¿Usted conocía el exterminio que estaban realizando los nazis?”. “No. Nadie del pueblo sabía lo de los campos de concentración, estaban totalmente aislados”. A pesar de la insistencia, Gerhard mantiene que él hizo la guerra en el frente ruso y que jamás supo nada del holocausto. A continuación, saca de un cajón un álbum de fotos con la inscripción Kriegs Erinnerungen (Recuerdos militares) y comienza a relatar su historia.

Gerhard nació en 1924 en el seno de una familia trabajadora en la ciudad de Gera, en el este de Alemania. “Ahora es el este porque nos han quitado una parte”, afirma. Creció bajo la bota del nacionalsocialismo ya que Hitler se alzó con el poder en 1933. Con sólo nueve años su escuela instruía en el dogma nazi y no tardó en alistarse, como el resto de sus compañeros, en las Juventudes Hitlerianas. “Nos apuntamos porque se hacían muchos juegos, deportes, excursiones… siempre estábamos en grupo. Nos cuidaban mucho”.

Sobre las clases recuerda que niños y niñas estaban separados y que les enseñaban “la historia de Alemania y Prusia, las cruzadas, etcétera”. Todos eran protestantes. “El tema racial lo veíamos sólo por la prensa. Sabíamos que había boicot comercial contra los judíos y que estaban mal vistos, pero no interesaba. Ni siquiera hablábamos de ello”.

Su padre, Rudolf, era socialista y, por lo tanto, opuesto a Hitler y todavía mantiene en su recuerdo lo que le dijo el día de las elecciones de 1933: “Si gana Hitler en dos años habrá guerra y la perderemos“. Gerhard reconoce que le llevaba la contraria sin vaticinar el cruel destino que les esperaba a ambos en una de las peores batallas de aquel conflicto.

En septiembre de 1939 Hitler invadió Polonia y comenzó la gran guerra. Gerhard tenía sólo 15 años así que esperó a 1941 para presentarse voluntario. “En aquel momento todo iba de maravilla. La guerra era muy favorable a Alemania”. Pasó dos años en una academia de suboficiales de la Luftwaffe y en septiembre de 1943 pasó al curso de Stuka en la ciudad de Graz, en Austria. «Era difícil entrar porque todo el mundo quería estar en la aviación».

Cuando terminó fue destinado al frente ruso y asignado a la 9ª escuadra que comandaba el famoso Hans-Ulrich Rudel, el soldado más condecorado de todo el III Reich. En aquel momento se sabía que Alemania estaba perdiendo la guerra. Los soviéticos avanzaban imparables desde el este y el resto de aliados empujaba en el oeste. A pesar de ello, había optimismo entre los alemanes: “Manteníamos la ilusión porque esperábamos que llegara un armamento superior”.
El comandante Hans-Ulrich Rudel.

El comandante Hans-Ulrich Rudel.

Su primera misión llegó en febrero de 1944 en la batalla de Cherkassy, en Ucrania. Los soviéticos habían cercado a dos divisiones de las SS y su objetivo era atacar a los tanques e infantería rusa, que era para lo que estaba diseñado el Stuka. “Tenía mucho miedo porque me habían contado que el enemigo tenía mucha artillería antiaérea”. “Recuerdo que lancé bombas y ametrallé las líneas rusas pero no sé si alcancé a alguien”. Los rusos contaban con un tren antiaéreo “que tiraba muy bien” y había derribado varios aviones alemanes. Aparecía en los combates y desaparecía escondido en el bosque. “Un día decidimos ir a por él. Me coloqué sobre él y lancé un proyectil que justamente cayó sobre el polvorín y destruyó completamente el tren. Recuerdo que Rudel me felicitó por radio. Me llamó 6G y no por mi nombre porque no me conocía”. Por aquella acción recibió la cruz de hierro de primera clase que todavía conserva.

Más de 500 tanques

Gerhard empezó a realizar entre tres y cuatro vuelos por día y apenas tenía tiempo para pensar en el miedo que pasaba. “Al principio todo era entusiasmo. Luego ves que los otros también tiran y hieren a tus compañeros y no te hace tanta gracia. Había terror a caer prisionero de los rusos porque no te librabas de la ejecución en el acto. No lo exteriorizábamos pero por dentro había mucho miedo”. Mientras habla, se para a pensar un momento y dice: “Veíamos que los rusos tenían tantos tanques… ¿De dónde los sacaban?”.

La verdad es que los rusos contaban en Cherkassy con más de 500 tanques y, a pesar de su superioridad numérica, su cerco se rompió y los alemanes consiguieron evacuar a una parte de sus unidades a costa de grandes bajas. Ambos bandos vieron el resultado como un triunfo.

Los Stuka eran el terror de la población. Se estrenó en la Guerra Civil Española y su táctica era lanzarse en picado sobre los objetivos. Combinaba el lanzamiento de bombas con el fuego de ametralladora. El sonido que emitía era tan atronador como terrorífico. A pesar de esto, Gerhard asegura que «nunca» recibió órdenes de atacar a civiles.

Era un hábil bombardero pero estaba indefenso ante los cazas enemigos. “Sin la protección de nuestros cazas estábamos perdidos“. “Yo no viví los mejores años del Stuka. En 1939 y 1940 eran decisivos en los combates, después se reveló como lento en el vuelo. Tenía las ruedas de aterrizaje fijas y era vulnerable cuando remontaba el vuelo. Se perdieron muchos en la Batalla de Inglaterra”.

“En Hungría les pusimos unas ametralladoras extra en las alas llegando a ocho. Lo llamábamos cómicamente ‘la regadera’. A los rusos no debía de hacerles tanta gracia”. “En Rusia no teníamos grandes problemas con la aviación enemiga pero en Hungría sí porque intervinieron los aviones americanos”. “Desayunaba con mis compañeros y a la hora de la comida muchos ya no estaban. El 70% de mi unidad cayó en combate”.

En la capital de ese país, Budapest, Gerhard vivió su experiencia más traumática de la guerra. En enero de 1945 alrededor de 180.000 alemanes defendían Budapest del ataque soviético. Entre ellos estaba el padre de Gerhard como soldado raso. Él lo sabía y al mismo tiempo se encargaba del combate aéreo. “Cuando un tanque ruso comenzaba a arder hacía otra pasada y ametrallaba. En aquel momento no pensaba si tenían también padre o madre, eran el enemigo”. La batalla acabó con 50.000 alemanes muertos, uno de ellos su padre. “Ironías de la vida, mi padre murió por un sistema en el que no creía y el destino quiso que yo, que estaba a favor, sobreviviera“.

La guerra estaba a punto de terminar cuando Gerhard se recuperaba de una herida en el hombro en un hospital de la retaguardia. Estaban a punto de llegar los rusos cuando un oficial le dijo que se marchara a su casa. Pasó desapercibido y en la posguerra trabajó como peón en una fábrica y fugazmente como piloto comercial. A finales de los años 50 se trasladó a Mallorca.

Cuando echa la mirada atrás recrimina lo mal que fue tratada Alemania tras el Tratado de Versalles y recuerda que Polonia formaba parte de su territorio antes de la I Guerra Mundial. Critica que no se hable sobre las masacres que también sufrieron los alemanes. “Los rusos violaron a las mujeres y saquearon todo. Se llevaron hasta los grifos. Yo este comportamiento nunca lo vi en alemanes”.
(Publicado en EL MUNDO / El Día de Baleares y http://www.elmundo.es el 6 de marzo de 2011)
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Acerca de manuelaguilerapovedano

Periodista e investigador de la Guerra Civil Española. Doctor, con premio extraordinario, por la Universidad CEU San Pablo y profesor de Periodismo en el CESAG. Autor de "Compañeros y camaradas. Las luchas entre antifascistas en la Guerra Civil Española".
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3 respuestas a Mi vecino fue piloto de guerra nazi

  1. Anonymous dijo:

    Sr. Aguilera estamos impacientes por leer su libro.

  2. Anonymous dijo:

    Es muy interesante conocer la historia desde otra perspectiva.

  3. Anonymous dijo:

    Ahora que se cumple el 75 aniversario del inicio de la guerra civil, esperamos poder leer alguno de tus artículos. Para cuando la publicación de tu tesis?

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