La ‘beautiful people’ de Ushuaia

El Grupo Matutes dio en el clavo con Ushuaia. He estado dos días y ha cambiado la idea que tenía de Ibiza. Eso no es una megadiscoteca llena de jóvenes drogados. Es otro nivel, un nivel que por cierto tampoco he visto en Mallorca. Ahora Melià quiere hacer algo igual en el hotel Beach Club de Magaluf. Ojalá lo consiga y tengamos nuestro Ushuaia mallorquín.

Hace tres días no sabía nada de Ushuaia. Sólo que era un hotel-discoteca con un montón de gente bailando alrededor de una piscina. “¿Por qué no se bañan?”, pensaba. “Está prohibido, por lo que pueda pasar…”. La verdad es que me esperaba a un montón de chonis pasados de rosca. “Es el ambiente de Ibiza, no hay otra cosa”. Estaba totalmente equivocado.

El complejo consiste en unos apartamentos en forma de cuadrado pegados a la Platja d’en Bossa con su propio beach club. En el centro hay dos piscinas y un gran escenario, en plan el de Guns n’Roses del otro día en Palma, con un pantallón y muchas luces. La música empieza a las 17 horas y termina a medianoche, así los clientes pueden dormir o irse a la discoteca Space que está justo enfrente.

La cola se forma alrededor de las 19.00 horas y ahí ya se ve el tipo de gente que va. Sólo rich and beautiful people (en honor a Marilyn Manson). No en vano uno de los lemas del hotel es “¿dónde diablos he aparcado el Hummer?”. En la cola hay seis argentinas que están de ruta por Europa: “Mañana nos vamos a Mikonos”. “Será por dinero”. Hay muchos americanos, rusos, ingleses… italianos sobre todo. Todos sin ningún tipo de crisis: ni económica ni física ni social ni nada. Son de los que suelen pedir: “De lo más caro, dos”. ¿Cómo consigue Ushuaia ese nivel? Por el prestigio y lo caro que es. La entrada son 40 euros y las copas cuestan entre 15 y 25. Por poner un ejemplo, un amigo pidió una ronda de tres gin-tonics y pagó con un billete de 50. “Te faltan cuatro euros”, dijo el camarero. “Increíble”.

Los precios son disparatados pero cuando estás ahí sabes que lo vale y lo pagas con gusto. Es el meollo del verano. Quizá el meollo mundial. A tu alrededor tienes un montón de gente con pinta de irles genial la vida y al fondo un pedazo escenario donde pincha un famoso DJ que todo el mundo conoce menos tú. “Hoy viene Luciano, mañana Sasha”, decían. “Los lunes viene David Guetta”. “Ese sí me suena”. Los clientes bailan en sus balcones. La gente habla, conoce personas de otros países. Los que llevan pulsera roja son clientes del hotel. El resto la llevan amarilla. El atardecer cae del cielo mientras ves pasar aviones a pocos metros del escenario. El aeropuerto está justo al lado. “Ni hecho aposta, vamos”.

La única piscina que se puede utilizar es la que cubre hasta las rodillas. Un socorrista cuida que nadie entre bebiendo, fumando o haciendo el bestia. “Con David Guetta vienen unas 10.000 personas, hoy habrá la mitad”, dice. “¿La gente suele hacer el burro en la piscina?”, pregunto. “Bueno, ha habido alguno que se ha tirado de cabeza”. “¿Y no se ha matado?”. “Pues no se hizo nada, increíble ¿no?”. Obviamente, esta es la excepción.

Un ruso llegó a pagar 100.000 euros por una botella de champagne de 30 litros. Las habitaciones cuestan más de mil euros la noche y vienen preparadas con todo tipo de bebidas. Las suites son otra historia. Las hay con luces en las camas, con su propio estudio de grabación, etc. También se pueden alquilar mesas frente al escenario por 5.000 euros como mínimo o boxes cerrados “sin ventanas”, con su propia barra, cuyo precio se subasta y llegan a pagar 15.000 euros por día.

No veo mucho español con pulsera roja. En la barra tengo una conversación surrealista: “Los españoles nunca dejáis propina”. “Es que nuestro salario mínimo interprofesional es de 600 euros, la mitad que Francia”. “Tú tienes pinta de cobrar más de 600 euros”. Pago con un billete de 100 euros y la camarera me dice: “¿Lo ves?”. “Eso es mi finiquito”. 

(Publicado en El Mundo/El Día de Baleares el 31 de julio de 2012)

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Acerca de manuelaguilerapovedano

Periodista e investigador de la Guerra Civil Española. Doctor, con premio extraordinario, por la Universidad CEU San Pablo y profesor de Periodismo en el CESAG. Autor de "Compañeros y camaradas. Las luchas entre antifascistas en la Guerra Civil Española".
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