Macarrismo en Pompeya

El macarrismo en las gradas tiene su origen en Pompeya. Allí, cerca de Nápoles, está el anfiteatro romano mejor conservado y allí tuvo lugar en el 59 después de Cristo la mayor pelea entre ultras de diferentes equipos. Ni irriducibili, ni barras bravas. Ni siquiera los ICF del West Ham. Los chungos chungos eran los de Pompeya que mataron a decenas de aficionados nucerios tras una disputa entre sus gladiadores. Empezaron a golpes en las gradas y acabaron sacando las espadas. El emperador Nerón, representante FIFA del momento, sancionó a Pompeya con 10 años sin juegos.

El anfiteatro de Pompeya.

El anfiteatro de Pompeya, donde tuvo lugar la pelea. Pincha para ampliar.

Pompeya ofrece el mayor impacto histórico del planeta. Más que Auschwitz, Belchite o cualquier lugar que haya quedado congelado en el tiempo. Es una ciudad donde puedes perderte, entrar en una habitación donde alguien vivió hace 2.000 años y observar su fresco de Aquiles, Briseida y Patroclo. El tema es que es tan grande que puedes alejarte de turistas, gorras y colores fosforitos para meterte por entero en el papel.

Es increíble pero en las termas del foro aún huele a piscina. Las calles son largas y andar es duro por el empedrado. Imprescindible comprar audioguía (6 euros) y olvidarte de hablar de fútbol o la noche de ayer con tus acompañantes. Lo mejor es ir de puerta en puerta con un teléfono que te cuente la historia de cada rincón.

Se conservan inscripciones de gladiadores y deportistas sobre sus triunfos o su éxito con las mujeres. También un have (saludo en latín vulgar) o cave canen (cuidado con el perro) al pie de los portales. En la casa del fauno hay un mosaico sobre la victoria de Alejandro Magno sobre Darío en Gaugamela. Es curioso porque parece un fotograma de la película. Oliver Stone debió basarse en él.

Mosaico de Alejandro Magno en la Casa del Fauno de Pompeya.

Mosaico de Alejandro Magno.

Lo que tiene más éxito son los supuestos cadáveres de los pompeyanos. Son figuras de yeso que se realizaron rellenando los huecos que se encontraban en las excavaciones. Hay una mujer embarazada boca abajo, un hombre que se lleva las manos a la cara para no inhalar los gases del volcán, perros que se retuercen…

Figura de yeso del cadáver de un habitante de Pompeya.

Figura de yeso del cadáver de un habitante de Pompeya.

Pompeya también tiene algo que decepciona. Hay casas, foros, teatros, templos, termas, gimnasios, necrópolis, todo lo que se busca en la historia de Roma. Lo malo es que el mosaico de Alejandro y todas las estatuas y figuras son copias. Los originales se guardan en el Museo Arqueológico de Nápoles. Luego te enteras también de otras cosas, como que hay errores en el mapa, que sólo se puede visitar un tercio de la ciudad (está todo lleno de verjas) o que la II Guerra Mundial destruyó miles de restos porque a los americanos les dio por bombardear una ciudad que llevaba muerta dos milenios.

Calle de Pompeya

Calle de Pompeya.

La ciudad eterna, más que Roma, es Pompeya y lo que la ha hecho así han sido sus penalidades. Sufrió invasiones, terremotos, la explosión de un volcán e incluso bombardeos. Y a pesar de todo, más de dos millones de personas la visitan cada año por ser la ciudad romana mejor conservada. Paradojas tiene la vida.

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Visitar Pompeya desde Roma en un día: Salir a las 8.26 desde Termini en el tren regional a Nápoles (11.60 euros). Llegada sobre las 11. En la estación central Garibaldi bajar las escaleras y coger el circumvesaviano (ida y vuelta 4.60) hacia Sorrento (pasa cada 20 minutos) y parar en Pompei Scavi (tarda unos 40 minutos). Andar calle abajo dos minutos hasta la entrada a la excavación. Comprar la entrada 11 euros (con carnet de profesor de la UE 5,5 euros) y la audioguía 6. Dentro hay un puesto de comida y muchas fuentes con agua potable. Hay que volver sobre las 17.30 para coger el tren hacia Roma a las 18.41. Llegada a Termini sobre las 21.30.

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Acerca de manuelaguilerapovedano

Periodista e investigador de la Guerra Civil Española. Doctor, con premio extraordinario, por la Universidad CEU San Pablo y profesor de Periodismo en el CESAG. Autor de "Compañeros y camaradas. Las luchas entre antifascistas en la Guerra Civil Española".
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