Son Vives y Pocafarina, el mayor avance de Bayo

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(Columna Los últimos de Malle, El Mundo / El Día de Baleares, 19 de septiembre de 2016)

Entre Sant Llorenç y Son Servera, cerca de la carretera, se jugó el destino de España. Las fincas de Son Vives y Can Pocafarina lucen espléndidas al atardecer. Pocos saben que allí, en 1936, los republicanos estuvieron a punto de vencer. Fue su posición avanzada. Y hubieran tomado Sant Llorenç si no llega a ser por un missatge.

Son Vives parece inexpugnable. Ocupa una pequeña loma rodeada de roca. Un lugar perfecto para ver el mar y las estrellas. Allí arriba, sobre sus terrados, 500 años te contemplan.

El 22 de agosto de 1936, dos payeses andaban recogiendo melones cuando detrás de los árboles aparecieron decenas de milicianos. Avanzaban en centenares desde el Puig de Sa Font camino de Sant Llorenç. “¿Dónde están los soldados?”, les preguntaron. “Aquí no hay tropa”. Los intrusos no se fiaron y mandaron al ayudante de la finca (missatge) a por un carro con una bestia. Él aprovechó el momento para escaparse a Sant Llorenç y dar parte a los nacionales. Gracias a él tuvieron tiempo de organizar la defensa en la siguiente finca: Ses Toltes.

 

Si el missatge no hubiera escapado, los republicanos habrían tomado Sant Llorenç. Quién sabe si esa conquista les hubiera dado el entusiasmo suficiente para avanzar hasta Manacor. No pudo ser y los dos payeses –padre e hijo- fueron hechos prisioneros como represalia.

Son Vives sólo fue dos días republicana. El 24 de agosto hubo repliegue a la finca anterior, Pocafarina, y comenzaron tres días de intercambio de disparos de un lado al otro. Aquella semana Son Vives tuvo un invitado ilustre: el popular periodista Gafim. Tenía entonces sólo 23 años, era alférez nacional y mandaba una unidad de morteros que desde allí batía “una extensa zona”. Jamás olvidó el sabor de los melones de Son Vives. Los actuales dueños de la finca conocen muy bien la historia y coleccionan vainas de balas. Han recogido más de un centenar.

Aquella zona, siempre tranquila y silenciosa, se tiñó de sangre hasta el repliegue del 27 de agosto. Poco después, el 4 de septiembre, los republicanos reembarcaron y se llevaron con ellos a los prisioneros. Los payeses de Son Vives acabaron en Menorca y no pudieron volver a San Llorenç hasta que acabó la guerra, en 1939. Según el historiador local Josep Cortès, la recepción fue apoteósica: repique de campanas, estación abarrotada y misa en su honor. Otra historia escondida en el paraíso.

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Acerca de manuelaguilerapovedano

Periodista e investigador de la Guerra Civil Española. Doctor, con premio extraordinario, por la Universidad CEU San Pablo y profesor de Periodismo en el CESAG. Autor de "Compañeros y camaradas. Las luchas entre antifascistas en la Guerra Civil Española".
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