Los abogados no hacen surf

Johnny (Keanu Reeves) y Bodhi (Patrick Swayze), en Le Llaman Bodhi (Point break).

(Columna Los últimos de Malle, El Mundo / El Día de Baleares, 12 de junio de 2017)

Si tengo que citar mi película de culto, diría que es Le llaman Bodhi. La grabé por casualidad cuando era muy joven y la vi como 50 veces. Me llegué a aprender los diálogos enteros. Pensaba que era una obsesión mía, poco compartida. Una vez un friki del cine me dijo que era de serie b. Ahora sé que es una película de culto para mucha gente, sobre todo donde se rodó, en Los Ángeles, así que el friki ese no tenía ni puta idea. De hecho, hace poco se estrenó un remake.

Ver aquella película me servía para vencer mis miedos antes de patinar; para que Bodhi me llevara al límite, o más allá. La cuestión era bajar todas las escaleras de Palma y saltar coches con una pequeña rampa. En realidad eran patines en línea (ya lo sé, no es auténtico como el skate). Los abandoné por dolores tremendos de espalda. Mi madre dio gracias a Dios después de dos muñecas rotas y abrirme la cabeza en el skate park de Son Gotleu (así me quedé).

Hay una escena de la película en la que Keanu Reeves (Johnny) confiesa a Patrick Swayze (Bodhi) que es licenciado en Derecho. Bodhi, el gurú del surf, rodeado de sus acólitos drogadictos de adrenalina, se queda un poco sorprendido. Le toca el hombro y le dice: «¿Derecho? ¿Abogado? Bueno, la vida no se ha acabado, estás haciendo surf». Uno de sus amigos no está de acuerdo: «¡Los abogados no hacen surf!». Y le contestan: «Este, sí».

Cuando leí lo ocurrido en Londres con Ignacio Echeverría, algunos datos me llamaron la atención. Era abogado, analista del HSBC, tenía 39 años y la noche del sábado (con final de Champions) la pasaba patinando. Estaba acompañado, claro, por otros skaters más jóvenes que él. Ignacio era un grande, su propio héroe, que tenía el valor de hacer lo que más le gustaba, sin mirar la edad. Era Abo, el abogado skater en Madrid y surfer en Comillas. Su vida no había acabado, seguía haciendo surf.

Por eso pienso que aquel día murió un hombre feliz. Un joven feliz. Una persona que mostraba que el espíritu humano está con vida. El final que tuvo es increíble. Podría haber muerto patinando o surfeando pero el destino quiso que fuera de forma mucho más heroica. Lo hizo salvando la vida de los demás una noche que salió a patinar. Sin duda, era un valiente. Un salvaje moderno.

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Acerca de manuelaguilerapovedano

Periodista e investigador de la Guerra Civil Española. Doctor, con premio extraordinario, por la Universidad CEU San Pablo y profesor de Periodismo en el CESAG. Autor de "Compañeros y camaradas. Las luchas entre antifascistas en la Guerra Civil Española".
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