El héroe republicano que mató a tres hermanas en Mallorca

(Reportaje publicado en el suplemento Crónica, del diario El Mundo, el 18 de junio de 2017) Aquí PDF.

CRÓNICA reconstruye la historia del piloto Jan Ferak y las jóvenes que asesinó en Palma el 31 de mayo de 1937

Diario La Almudaina, 11 de junio de 1937, página 2.

“Rogad en caridad por el alma de las tres hermanas Antonia, Magdalena y Mercedes Muñoz Martí, víctimas del bárbaro bombardeo”. La esquela se publicó el 11 de junio de 1937 en un diario de Palma. Esta ciudad fue la segunda, después de Córdoba, más atacada por los aviones republicanos durante la guerra civil. Los libros de Historia pasan por encima del macabro episodio pero ahora, justo 80 años después, podemos saber quién las asesinó y qué pasó con aquella familia.

Antonia, Magdalena y Mercedes eran muy jóvenes. Tenían 23, 18 y 7 años, respectivamente. Formaban parte de una familia muy grande. En total eran siete hermanos. Mercedes –o Merceditas, como todos la llamaban– era la más pequeña y todos estaban pendientes de ella. Iba al colegio de las monjas de la caridad, muy cerca de casa, y en el camino siempre se quitaba los zapatos. Su madre se enfadaba y ella salía corriendo. Le gustaba andar descalza por esas calles tan estrechas del casco antiguo de Palma. Vivían en la plaza del Pes de Sa Palla, un lugar emblemático en el centro de la ciudad.

En 1937 hacía ya un tiempo que habían perdido a su padre, de profesión zapatero y músico, por tuberculosis. Su madre se llamaba Magdalena Martí Rosselló pero todos la conocían como Madó Magdalena, sa lletera. Cargaba ella sola con siete hijos y su único ingreso venía de la venta de leche en la calle. Una madre coraje de su tiempo. Las hermanas no solían hablar de política. El padre sí que simpatizaba con las izquierdas. También su tío, el hermano de Magdalena. Era nada menos que Jordi Martí Rosselló, alias el Mascle Ros, un conocido antifascista y director de un diario satírico.

El nombre de Jan Ferak aparece entre los ases de la aviación republicana española. En varios libros y páginas de internet recuerdan que derribó siete aviones fascistas y fue un héroe de las Brigadas Internacionales. Su historia se mueve entre la verdad y la leyenda, pero una investigación reciente de los historiadores checos Rajlich y Majtenyi ha descubierto algunas mentiras. La verdad es que nació en 1913 en una familia humilde de Checoslovaquia. Su padre era herrero y pequeño propietario de tierras. Con 20 años se graduó como piloto militar pero lo expulsaron sólo dos años después acusado de robo. Huyó de aquel desagradable episodio hasta París, donde vio por casualidad que los comunistas reclutaban pilotos para la Guerra Civil Española. No lo dudó. Su sueño de volar volvía a ser realidad.

Carnet de Jan Ferak encontrado en el archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores italiano.

Un “joven romántico”

Llegó a España en diciembre de 1936 y fue incorporado a la escuadrilla André Malraux al mando de un bombardero. Rajlich y Majtenyi no han encontrado pruebas de sus siete derribos. En cualquier caso, reconocen que era “osado y valiente”, un “joven romántico, inquieto e infeliz, que una vez falló y fue preso del destino”. Enseguida probaría su valentía en el cielo de Mallorca.

En 1937, la familia Muñoz Martí vivía relativamente tranquila en Mallorca. De vez en cuando sonaban las sirenas y todos corrían al refugio. Las hermanas mayores (Antonia, Ángela y Magdalena) pasaban mucho tiempo juntas. Les encantaba despedirse de los barcos en el puerto simulando sollozos y agitando pañuelos. Sus familiares aseguran que eran todas muy alegres. Trabajaban cosiendo pantalones y siempre cantaban. Formaban parte del grupo de teatro del barrio.

El 24 de mayo fue la comunión de Merceditas. Prepararon una gran celebración y le hicieron una foto vestida de blanco. Se conserva otra imagen de ella con alas y carita de ángel en la comunión de su hermana Paquita. El 30 de mayo ocurrió algo extraño. Como otras veces, las hermanas se reunieron con las amigas para preparar infusiones. De repente, entró en la habitación un borino ros (un abejorro). La tradición dice que si es blanco da buena suerte, y si es negro, da mala. Ese borino era blanco así que todas se alegraron. Magdalena afirmó: “Tranquilas, esto significa que no nos van a matar”.

Esa noche, en el aeródromo de Lleida, el comandante reunió tres tripulaciones de aviadores: “Vamos a bombardear Palma con todo lo que tenemos”. Jan Ferak cargó su avión con 2 bombas de 250 kilos y 30 de 12 kilos. Tres bimotores despegaron a las cuatro de la madrugada.

Mientras, en un bajo de la plaza del Pes de Sa Palla, la primera que se despertó fue la madre, Magdalena. “Ángela, hija, son las cinco, hay que trabajar”. Era todavía de noche cuando las dos salieron a repartir leche. Aquello las salvaría. A las 5.30 sonaron las sirenas. “¡Corred al refugio!”, gritaron los hermanos. Todos obedecieron menos uno, Bernardo, de 17 años, que se quedó el último abrochándose los zapatos.

El trayecto hasta el refugio era muy corto. Sólo cruzar la plaza. Antonio y Paquita llegaron los primeros. Detrás corrían Antonia, Magdalena y Mercedes. El ruido de los bombarderos se aproximaba. Los cazas italianos salieron a su encuentro y dos de ellos dieron media vuelta. El avión de Jan Ferak, “osado y valiente”, fue el único que se atrevió a entrar en la ciudad y lanzar su carga. Las explosiones se acercaban poco a poco: “Broouumm -Broouumm”. Mercedes se quedó atrás. Antonia y Magdalena la llamaron desde el refugio: “¡¡Corre, Merceditas!!”. No podía ir más rápido. Era muy pequeña, así que volvieron por ella. Quiso ir también Paquita, de 10 años, pero su hermano Antonio, de 13, la agarró: “Espera aquí, es peligroso”. Justo cuando Antonia y Magdalena cogieron a Merceditas en brazos cayó el proyectil sobre ellas. Las dos pequeñas murieron en el acto. Antonia quedó agonizando llena de metralla. Falleció a las pocas horas.

Las bombas mataron también a dos de sus vecinos: una madre y su hijo de 15 años. Justo al lado murió otra niña de 11. La macabra lista se cerró con cuatro personas más. En total, 10 muertos. Todos civiles inocentes.

Derribo en Andratx

La osadía de Jan Ferak le costó cara. Tenía en su cola tres Fiat CR.32. El capitán Giuseppe D’Agostini, alias Gatti, acertó el tiro y el bombardero republicano se estrelló en Andratx. Murieron dos de los tres tripulantes: Zdenek Talas y Josef Sousek. Un milagro salvó a Jan Ferak. Sólo tenía algunas quemaduras en las manos. Trató de huir pero lo atraparon y lo encerraron en el Castillo de Bellver. Pintaban mal las cosas para él, la población de Palma exigía venganza, pero la vida de un aviador era demasiado valiosa. El 19 de julio fue intercambiado por un piloto nacional.

El avión de Ferak derribado en Andratx. El herrero del pueblo usó el fuselaje para hacer herramientas que todavía se conservan.

Ferak volvió a luchar por la República hasta marzo de 1938. Agotado y enfermo, regresó a Praga y se casó con la hermana de su compañero Zdenek, muerto en Mallorca. Un año después, la ocupación nazi de su país le obligó a huir a la URSS. Su única hija, Jana, nació allí, pero le aburría tanta tranquilidad, así que en 1942 se ofreció voluntario para ir de piloto a Inglaterra. Embarcó en Rusia en un crucero británico y en el trayecto murió en un bombardeo de aviones alemanes. Su cuerpo se perdió en el mar de Barents. El presidente de Checoslovaquia le entregó a título póstumo la Cruz de Guerra.

La familia Muñoz Martí recibió el apoyo de los palmesanos. Hubo una pequeña colecta y la autoridad le compensó con un estanco. Sin embargo, la madre jamás se recuperó de aquella pérdida. Intentó suicidarse varias veces y los hijos hacían guardia para cuidarla. Vistió siempre de luto y durante años fue cada día al cementerio a ver a sus tres niñas. Murió en 1977 a los 82 años.

Su hija Ángela, la que se salvó por repartir leche aquella mañana, vivió hasta los 93 años. En 2011 estaba ingresada en el hospital sin apenas lucidez. Un día le enseñaron la foto de Merceditas y enseguida la señaló: “Esta es nuestra pequeña”.

La familia Muñoz Martí es hoy muy amplia. Acuden al encuentro de CRÓNICA, en la plaza del Pes de Sa Palla, 11 descendientes en total, la mayoría sobrinas de las tres hermanas. Se llaman Ángela, Mercedes, Paula, Berta, Josep, Catiana, Isabel, Pep, Laia, Joan y Llucia. “La historia traumatizó a la familia”. “Es un episodio que quedó en el olvido. Cuando lo cuento no se lo creen”. “Nos gustaría que hubiera una placa que lo recordara”. “Por mucho que lo intentemos, no se puede remediar tanto daño. Hay que perdonar”.

Los familiares de las tres hermanas en la plaza del Pes de Sa Palla en mayo de 2017. Foto: Manuel Aguilera.

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Acerca de manuelaguilerapovedano

Periodista e investigador de la Guerra Civil Española. Doctor, con premio extraordinario, por la Universidad CEU San Pablo y profesor de Periodismo en el CESAG. Autor de "Compañeros y camaradas. Las luchas entre antifascistas en la Guerra Civil Española".
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