No más Cabreras

Francisca Bonet, Margalida Suñer y Bàrbara Bonet, todas con gorra. Damià Suñer es el primero por la derecha. Libro ‘Jeroni de Cabrera’, de Joan Rigo Bonet.

(Columna Los últimos de Malle, El Mundo / El Día de Baleares, 30 de octubre de 2017)

Hace sólo 80 años, en Cabrera, vivían dos familias: los Suñer y los Bonet. Los Suñer eran los arrendatarios de la pequeña propiedad y los Bonet una familia de payeses que se había trasladado allí desde Santanyí para trabajar. Sólo se tenían los unos a los otros y convivían en armonía. Los jóvenes compartían el día y lo pasaban muy bien: nadaban, pescaban, hacían excursiones y celebraban cada año el Festival de Miss Cabrera. No les faltaba de nada, y si necesitaban algo lo compraban en la Colonia de Sant Jordi.

Un día, los políticos pusieron fin a aquella armonía. Hubo un golpe de Estado ilegal y una guerra civil en España. La pequeña isla tenía algunos militares de maniobras partidarios de los franquistas. Los republicanos tomaron la isla y detuvieron a los varones de la familia Suñer por ser de derechas. Los llevaron a Menorca y los asesinaron el 2 de agosto de 1936. Murieron el padre, Damián Suñer, y los hijos Juan y Gaspar. En Cabrera hay todavía una pequeña cruz a su memoria, la Creu dels Sunyer. También ejecutaron a dos de los militares de Cabrera: Mariano Ferrer y Facundo Flores.

Mientras, las mujeres de los Suñer no sabían nada. Cabrera se llenó de milicianos llegados de Barcelona que querían conquistar Mallorca. Tras la batalla del Desembarco de Bayo, los nacionales recuperaron la isla y esta vez fueron los Bonet los represaliados. No los fusilaron pero los varones sufrieron cárcel y trabajos forzados durante años. Cuando volvieron a Santanyí, su lugar de origen, ya nadie les quería. Fueron despreciados por autoridades y vecinos. Toda esta historia la ha contado en varios libros su nieto, Joan Rigo Bonet. Su última obra está dedicada a Jeroni Bonet, que al final del franquismo descargó su rabia picando monedas para hacer desaparecer la imagen de Franco. Joan todavía las conserva. Estaban en una maleta con una copia de su renuncia a la Iglesia Católica.

La vida de aquellas dos familias inocentes quedó destruida por los políticos, por un golpe de Estado ilegal. Cuando la convivencia es posible, no vale la pena enfrentarse. Si hay cauces democráticos y pacíficos, no vale la pena pelearse. Hay una foto en el libro de Joan. Son las dos familias juntas, con los hijos, riendo y tocando la mandolina. Se les ve felices. Qué poco quedaba para que les rompieran la paz.

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Acerca de manuelaguilerapovedano

Periodista e investigador de la Guerra Civil Española. Doctor, con premio extraordinario, por la Universidad CEU San Pablo y profesor de Periodismo en el CESAG. Autor de "Compañeros y camaradas. Las luchas entre antifascistas en la Guerra Civil Española".
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