Una vida de servicio

MiniMax

El supermercado Minimax, de la calle Aragón (Palma), en una imagen de 1984, más o menos. La encontré en el garaje de mis padres.

(Columna Los últimos de Malle, El Mundo / El Día de Baleares, 11 de diciembre de 2017)

Mi infancia la pasé en un supermercado. Mi padre era el director de Minimax, una cadena levantada con capital mallorquín que se vendió a Caprabo hace unos 15 años. El más grande estaba en la calle Aragón (ahora es un Eroski). Mi labor oficial era recoger carritos en el aparcamiento pero me lo pasaba mucho mejor en el almacén, jugando a fútbol con el vigilante o buscando a mi padre por los pasillos. Los empleados, las cajeras, mi tío en la charcutería… A todos los recuerdo felices.

El mejor día era el domingo: mi padre revisaba las cámaras de frío mientras yo deambulaba por un supermercado desierto, a oscuras. Era una sensación maravillosa perderse por pasillos larguísimos, con tantas cosas al alcance de la mano.

Mi padre llegó a ese puesto trabajando sin descanso, con ayuda de mi madre. Siete días a la semana y 365 días al año. Me arropaba cuando se iba y sólo lo volvía a ver justo antes de acostarme. Empezó con otro grande del negocio, Paco Lavao, que montó el imperio de los SYP y también los acabó vendiendo (a Eroski). El trabajo en el sector de la alimentación es muy sacrificado. Mi padre siempre recuerda que una vez se levantó a las cinco de la madrugada y cuando se miró al espejo se dijo: «Qué desgraciado eres, Manolo. Estás más cansado que cuando te acostaste».

Mi padre consiguió llegar muy alto a base de trabajo y yo lo admiraba muchísimo. Tenía un despacho muy grande y yo pasaba el rato leyendo tebeos en la puerta. Recuerdo un día que tenía una reunión con otro señor de traje y oí algunos gritos. Me asusté un poco, así que después entré en el despacho y le pregunté: «Papá, ¿este señor manda más que tú?». Él se rió y me contestó: «En su casa, sí».

A veces pienso que llevo ese negocio en la sangre, que debería haberme dedicado a la Alimentación, pero me aconsejaron que no lo hiciera. Mi padre es una de esas historias de personas hechas a sí mismas, sin ayuda de nadie. Los hay que no se las creen cuando las cuentan de Amancio Ortega o Juan José Hidalgo, pero yo sí las creo. Gracias a ese trabajo y el riesgo que corrió, yo he podido estudiar Periodismo y dedicarme a lo que quiero. Ahora tiene 76 años y me llama cada día para que vaya a comer. Si pudiera devolverles tanto.

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Acerca de manuelaguilerapovedano

Periodista e investigador de la Guerra Civil Española. Doctor, con premio extraordinario, por la Universidad CEU San Pablo y profesor de Periodismo en el CESAG. Autor de "Compañeros y camaradas. Las luchas entre antifascistas en la Guerra Civil Española".
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