El Mallorca Live Festival y los elementos

El escenario principal del Mallorca Live Festival 2018. Foto: Organización.

(Columna Los últimos de MalleEl Mundo / El Día de Baleares, 14 de mayo de 2018)

Como La Armada Invencible, el Mallorca Live Festival no mandó sus naves a luchar contra los elementos. Si no hubiera sido por la lluvia, el festival hubiera salido redondo. Más de 20.000 personas llenaron el antiguo Aquapark este fin de semana y el sábado acabaron empapadas más o menos a la hora que cantaban Alfred y Amaia en Eurovisión. En Magaluf sonaba Prodigy y cuando acabó sólo había una carpa donde cobijarse con unas ocho personas por metro cuadrado. Se podía bailar perfectamente sin tocar el suelo.

Agua, truenos, viento racheado y cuatro paraguas rotos acabaron con la paciencia de miles y el mal olor de los baños. La tropa desertó en masa rumbo a casa, y ya conquistaremos Inglaterra otro día. Fue una pena, la verdad. Una pena inmensa porque quedaban muchos conciertos. Los que sacaron el abono para sólo el sábado se quedaron a medias. Y los demás, como yo, al 75%.

Voy a decir primero lo bueno del festival. Por fin en Mallorca tenemos un evento musical consolidado en muy buena fecha y con bastante variedad de estilos. Por cierto, me encontré a varias personas que no conocían a ningún grupo. Nada. Ni una canción. No pasa nada. El cartel tenía bastante indie pero también rock, hip hop y, por supuesto, techno. Los conciertos más masivos fueron los de Izal, KaseO y Prodigy. Ninguno decepcionó. Mikel Izal debió hacer autoterapia en Mallorca para superar la mala semana que llevaba y Javier Ibarra estuvo desatado otra vez haciendo terapia al público: «¡Cuánto más amor das, mejor estás!». Cantó 40 minutos y habló 20. Otra cosa: un aplauso a esos chicos vestidos de cazafantasmas que van sirviendo cerveza entre el público. Cobraban leyendo el código de la pulsera del festival, porque todo se pagaba así. Los billetes no valían nada. Adiós dinero negro.

Y lo malo del festival: los problemas de acceso y las colas en la barra. Hubo momentos de más de 20 minutos de espera. Los autobuses que traían desde Palma incumplieron algunos horarios y conseguir taxi era misión imposible. Gran parte de los asistentes, como yo, se quedaron a dormir en Magaluf. La habitación en el BCM Hotel me costó sólo 35 euros la noche con todo incluido. Sí, con comida, refrescos y cerveza sin límite de 9 a 21 horas. Si a nosotros nos parece barato, a los ingleses no sé. Teníamos que ir al restaurante del BH Hotel, justo al lado, que tiene un parque acuático dentro y su propio festival ilimitado. DJs, gogós y decenas de grupos de ingleses aprovechando la barra libre de cerveza. El hotel tiene hasta su propia salida a la discoteca BCM. Me creo que alguien se haya tirado por el tobogán y se haya metido en la discoteca del tirón.

Conocer el Magaluf real y este pedazo de festival ha valido la pena. Habrá que volver el año que viene a conquistar Inglaterra. Esta vez sin subestimar a los elementos.

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Acerca de manuelaguilerapovedano

Periodista e investigador de la Guerra Civil Española. Doctor, con premio extraordinario, por la Universidad CEU San Pablo y profesor de Periodismo en el CESAG. Autor de "Compañeros y camaradas. Las luchas entre antifascistas en la Guerra Civil Española".
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