El aviso de Riera

(Columna Los últimos de MalleEl Mundo / El Día de Baleares, 5 de febrero de 2018)

El catedrático de Economía de la UIB Toni Riera dio un aviso el otro día: si Baleares no es más competitiva seguirá perdiendo renta per cápita. Hace 15 años los ciudadanos de las islas eran de los más ricos de Europa. Estábamos en el puesto 49 de un ránking con 264 regiones. Casi nada. Entrábamos en la lista Forbes de los mejores cincuenta. Sin embargo, ahora estamos en el puesto 114, la mitad de la tabla.

Riera explicó los resultados de un estudio muy concienzudo de la Fundación Impulsa el jueves en la sede del Colegio de Abogados. Allí estaban muchos de los que mandan y se llevaron un mensaje claro: hay que ser más eficientes e innovadores, si no, nos quedaremos atrás. En competitividad estamos en el puesto 173. Hemos mejorado algo pero estamos todavía muy lejos de Estocolmo, que es la mejor. Riera recordó lo bueno: nuestra educación (primaria) y sanidad. Y lo malo: la calidad de las instituciones y los resultados en educación secundaria y superior. Seguimos teniendo mucho fracaso escolar. Hemos mejorado pero seguimos a años luz de los demás.

Los estudios macroeconómicos son necesarios para reposicionarnos. A veces te dan algún susto pero son imprescindibles para formarse una opinión y contestar a los cenizos. Baleares, salvo esta pérdida de renta (también ha crecido mucho la población), en general, va bien y por eso hemos sido los primeros en recuperar el nivel de empleo previo a la crisis. España, a nivel económico, con todos los matices que quieran, también progresa. Y el mundo, con un millón de matices más, sigue mejorando. Esto es muy impopular decirlo, se oye más que «el mundo es una mierda», pero la realidad es que es una mierda que mejora.

El otro día la Universidad de Oxford publicó un estudio sobre la evolución de la humanidad en los últimos 200 años. Les voy a dar un pedazo de titular: desde 1990 se ha reducido cada día en 130.000 personas el número de personas en extrema pobreza. ¡Cada día! La mala noticia es el retroceso en medio ambiente pero los demás indicadores mejoran: alfabetización, acceso a la sanidad, mortalidad infantil, esperanza de vida… Por ejemplo, en 1930 sólo el 30% sabía leer y escribir. Hoy es el 85%. También crece el número de países con libertad y democracia. En general, esta mierda mejora. Los avisos nos ayudan a seguir.

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Los altos del fútbol

(Columna Los últimos de MalleEl Mundo / El Día de Baleares, 22 de enero de 2018)

Guti

José María Gutiérrez, ‘Guti’.

Una de las mayores injusticias de esta vida es la importancia de la altura en el fútbol. Desde que era pequeño, nunca mejor dicho, he visto cómo los altos gozaban de una preferencia insultante. Por ello, déjenme que parafrasee a Gramsci y diga claramente que odio a los altos del fútbol. O mejor: odio a los entrenadores que valoran demasiado la altura.

Desde que empecé a jugar vi que los entrenadores preferían a los niños más desarrollados. Sobre todo los altos y fuertes, incluso por encima del talento. Unos Dueñas de la vida. Yo lo tenía mal porque era muy pequeño, el enano de la clase. Parecía ser menor que mi edad, sin pelo en los brazos y voz aniñada. Para que se hagan una idea, en carnavales de La Salle me disfracé de madrealbertina y alguien propuso que intentara entrar en ese colegio femenino. La de recepción me abrió la puerta amablemente.

Cuando tienes 12 años algunos tienen ya cuerpo de hombre y otros, como yo, se quedan atrás y chupan banquillo. Recuerdo que oí una vez al exjugador del Real Madrid Guti quejarse de eso, de que tardó en crecer y algunos años le sustituyeron por gente más alta. ¡A Guti! Que después sería el único de todos ellos en levantar una Champions. Qué injusticia. Hasta Messi lo pasó mal por este tema.

Yo además era defensa. La posición natural de un armario 2×2 rompepiernas. ¿Que no sabe hacer un pase? No importa. Si no para el balón para el hombre. Los dos no pasan. Recuerdo muchos partidos en La Salle cubriendo a delanteros que me sacaban medio cuerpo. Sacar el balón con la cabeza era complicado, la verdad. Los primeros años en fútbol sala me fue mejor. Llegamos a ser campeones de Baleares. Pero en fútbol grande, la historia cambió. Los grandes tenían prioridad. Podían chutar más fuerte y dar más miedo al rival. Recuerdo un día que nos miramos los cuatro del banquillo y éramos justamente los más bajitos y delgados.

Por eso, si un niño tiene un desarrollo tardío, le cuesta mucho ganarse un puesto. Debe esforzarse y luchar más. Los entrenadores no esperan a que cumplan 18 años. No sé, a lo mejor después aquel bajito se convierte en un portento físico, pero ya será tarde. Habrá dejado el fútbol. Le podría haber pasado a Guti. No es justo. Otro día hablamos de la importancia de la altura en el baloncesto.

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Los bares y sus fotos

Foto libre de Clem Onojeghuo @clemono2 colgada en Unplash.

(Columna Los últimos de Malle, El Mundo / El Día de Baleares, 8 de enero de 2018)

Hay algo muy peligroso: un ignorante con una cámara en la mano. El oficio de fotoperiodista se ha banalizado, como el de periodista, y ahora cualquiera se compra una cámara y difunde fotos de forma masiva. En estos oficios tan delicados no sólo hay que conocer la técnica sino la ética periodística y un mínimo de Derecho. Si no, se acaba perjudicando a la gente.

El otro día estaba en un bar de esos con fotógrafo que toma imágenes de los clientes y luego las sube a las redes sociales. Al pasar por mi lado le avisé de que no me sacara. Al rato, vi que hizo una foto a la persona que estaba a mi lado, conmigo justo detrás. Me dio el flash de lleno en la cara. Le pedí amablemente que no publicara la foto y me contestó, sonriendo, que él podía hacer lo que quisiera, que dentro del bar tenía derecho. Su ignorancia me arrastró hasta los porteros que me reiteraron lo mismo: que ellos podían hacer las fotos que quisieran dentro del bar, incluso sin mi consentimiento. Vamos, que yo cedía mi imagen al entrar por la puerta. Les intenté convencer de su error pero no hubo manera. Me fui de allí para no volver jamás.

El derecho a la propia imagen está regulado por la ley orgánica 1/1982 y no importa que esté dentro de un bar o en la calle: a mí o a usted nadie nos puede sacar una foto sin nuestro consentimiento. La ley dice que el fotógrafo siempre deberá tener «consentimiento expreso» y se entiende como tal el de posar ante la cámara. Así, las fotos que vemos con gente posando se entiende que han dado el permiso pero los que salen detrás no, así que se están vulnerando sus derechos. Imaginen que un maltratador busca a su ex y la encuentra así, con una foto en un bar justo detrás de gente posando.

La ley sólo contempla tres excepciones. Primera: que haya interés público, es decir, que yo haga algo noticiable, como cometer un delito. Segunda: que esté en un contexto noticiable, como una manifestación. Y tercera: que yo sea un personaje público.

En conclusión, si yo me tomo una copa en un bar tengo derecho a que nadie me haga una foto. Todos los que trabajan difundiendo imágenes o datos de forma masiva deben ser conscientes de ello.

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Una vida de servicio

MiniMax

El supermercado Minimax, de la calle Aragón (Palma), en una imagen de 1984, más o menos. La encontré en el garaje de mis padres.

(Columna Los últimos de Malle, El Mundo / El Día de Baleares, 11 de diciembre de 2017)

Mi infancia la pasé en un supermercado. Mi padre era el director de Minimax, una cadena levantada con capital mallorquín que se vendió a Caprabo hace unos 15 años. El más grande estaba en la calle Aragón (ahora es un Eroski). Mi labor oficial era recoger carritos en el aparcamiento pero me lo pasaba mucho mejor en el almacén, jugando a fútbol con el vigilante o buscando a mi padre por los pasillos. Los empleados, las cajeras, mi tío en la charcutería… A todos los recuerdo felices.

El mejor día era el domingo: mi padre revisaba las cámaras de frío mientras yo deambulaba por un supermercado desierto, a oscuras. Era una sensación maravillosa perderse por pasillos larguísimos, con tantas cosas al alcance de la mano.

Mi padre llegó a ese puesto trabajando sin descanso, con ayuda de mi madre. Siete días a la semana y 365 días al año. Me arropaba cuando se iba y sólo lo volvía a ver justo antes de acostarme. Empezó con otro grande del negocio, Paco Lavao, que montó el imperio de los SYP y también los acabó vendiendo (a Eroski). El trabajo en el sector de la alimentación es muy sacrificado. Mi padre siempre recuerda que una vez se levantó a las cinco de la madrugada y cuando se miró al espejo se dijo: «Qué desgraciado eres, Manolo. Estás más cansado que cuando te acostaste».

Mi padre consiguió llegar muy alto a base de trabajo y yo lo admiraba muchísimo. Tenía un despacho muy grande y yo pasaba el rato leyendo tebeos en la puerta. Recuerdo un día que tenía una reunión con otro señor de traje y oí algunos gritos. Me asusté un poco, así que después entré en el despacho y le pregunté: «Papá, ¿este señor manda más que tú?». Él se rió y me contestó: «En su casa, sí».

A veces pienso que llevo ese negocio en la sangre, que debería haberme dedicado a la Alimentación, pero me aconsejaron que no lo hiciera. Mi padre es una de esas historias de personas hechas a sí mismas, sin ayuda de nadie. Los hay que no se las creen cuando las cuentan de Amancio Ortega o Juan José Hidalgo, pero yo sí las creo. Gracias a ese trabajo y el riesgo que corrió, yo he podido estudiar Periodismo y dedicarme a lo que quiero. Ahora tiene 76 años y me llama cada día para que vaya a comer. Si pudiera devolverles tanto.

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El incidente de la bandera republicana en el Castillo de Bellver

Castillo Bellver

La torre del homenaje del Castillo de Bellver, Palma. (Autor: Manuel Aguilera)

(Columna Los últimos de Malle, El Mundo / El Día de Baleares, 27 de noviembre de 2017)

Una bandera desteñida provocó un hecho trágico el 12 de octubre de 1936 en el Castillo de Bellver, en Palma. Allí había cientos de presos republicanos que veían ondear en la torre del homenaje la bandera rojigualda. La habían colocado allí los franquistas a partir de una tricolor republicana, pintando de rojo la franja morada. Se ve que había escasez de banderas de la época monárquica, así que lo arreglaron de forma casera.

Aquel día de la hispanidad los presos salieron al patio y vieron que la bandera rojigualda de la torre había mutado a republicana. Al parecer, la lluvia había eliminado el color rojo de la franja inferior y ahora lucía violeta. Bellver volvía a ser republicano de repente. Los presos pensaron que el castillo había cambiado de bando y que iban a ser liberados así que empezaron a celebrarlo con gritos y cantos de júbilo. Los guardias se movilizaron y en seguida impusieron el orden. Cambiaron la bandera y los devolvieron a la realidad.

Pero aquello no se quedó ahí. Un teniente del que sólo se sabe que se apellidaba Gomila y era de Santa María del Camí decidió castigar el conato de motín. Había que dar ejemplo. Eligió a tres de los participantes en la celebración prácticamente al azar y los sometieron a juicio sumarísimo. Una semana después, el 19 de octubre de 1936, fueron fusilados en el foso del castillo. Eran el abogado de Son Servera Joan Vidal Sureda, el albañil de Esporles Andreu Nicolau Matas y el militante de Izquierda Republicana Balear en Palma Josep Picornell Porcel.

Este episodio lo han documentado varios historiadores gracias a los testimonios de los prisioneros. Se puede encontrar en las obras de Llorenç Capellà, Margalida Capellà, David Ginard o la reciente tesis sobre la represión que ha presentado Tomeu Garí. Los historiadores Tomeu Canyelles y Aina Ferrero-Horrach también lo contaron el pasado 18 de noviembre en un acto en el castillo. El próximo 20 de diciembre inauguran una exposición en la torre del homenaje titulada “Bellver: prisión franquista”. Allí se podrán ver algunas historias personales de aquel periodo trágico. Calculan que por el Castillo de Bellver pasaron unas 700 personas acusadas de simpatizar con el bando republicano. Muchos de ellos dejaron pequeños escritos a lápiz en las paredes del recinto: “Jaime Nadal Tomás, preso político”. Ellos las han documentado antes de que se borren. Se pueden consultar en la web http://johiera-bellver.com/.

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Mi primera carrera popular

Esta foto la hice en la calle San Miguel justo antes de salir. 12 de noviembre de 2017. Palma.

(Columna Los últimos de Malle, El Mundo / El Día de Baleares, 13 de noviembre de 2017)

Más de 3.000 personas corrieron ayer por Palma en contra del cáncer. El doble que el año pasado. Yo me apunté y no soy corredor. Eso era lo de menos. La inscripción costaba entre 7 y 15 euros, así que entre todos hemos aportado un dinero a luchar contra la enfermedad.

Era mi primera carrera popular. Hay dos deportes que no soporto: correr y nadar. Son actividades solitarias, para mí muy aburridas. Es salir a correr y pensar cuándo demonios acabará. No veo el momento de parar. Intento distraerme pero nada. Todos mis pensamientos son penosos y acabo maldiciendo mi existencia. Si fuera corredor, iría días alternos al psicólogo. Nada que ver con los deportes de equipo, por Dios. Cuando juego al fútbol soy feliz antes, durante y después.

Mi ruta de entrenamiento. App de Nike.

La carrera de ayer, sin embargo, fue diferente. He de reconocer que sólo había entrenado un día. Hice el jueves un ida y vuelta desde Santa Catalina hasta el Club de Mar. Cinco míseros kilómetros y acabé reventado. Fui escuchando un programa de radio, pero nada. Me aburrí muchísimo. Ayer tenía que correr 12 kilómetros, así que lo veía bastante mal. El itinerario era ir de plaza España hasta el Parque del Mar y volver. Así cuatro veces. Mi amigo Toni Sánchez Grao, que es un corredor de verdad (ayer quedó cuarto), me avisó de que la calle Olmos acabaría conmigo.

Pero todo es psicológico. Ayer no corría solo. Había gente de todas las edades y forma física, con sus camisetas verdes y zapas de runner. Esas que ahora lleva la gente para todo (por cierto, el otro día se las vi a Armengol). Vi camisetas y dorsales dedicados a los que ya no están: No te olvidamos, T’estim Cris. Los voluntarios de la Asociación Contra el Cáncer nos animaron durante todo el recorrido: «¡Vamoss, tú puedes, vengaaa!». Ellos sí tenían moral. Cuando me veía derrotado miraba a mi alrededor y sólo veía luchadores. Un padre corriendo con el carrito de su hijo (¡me adelantó, ojo!); una mujer de unos 70 años sola, avanzando contra el asfalto; grupos de amigos con el retrato del que ya no está… Y de repente un voluntario te da agua y te choca la mano. Aquí no se rinde ni Dios.

Conseguí acabar. Mi nombre no sale en la clasificación por error, pero sí. Lo juro. Tardé 70 minutos. El ganador me sacó media hora de ventaja. Estoy mirando cuándo es la próxima.

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Vídeo de la presentación en Madrid de ‘Un periodista en el Desembarco de Bayo’

El Centre Cultural Blanquerna de Madrid ha colgado el vídeo de la presentación del libro Un periodista en el Desembarco de Bayo. Gafim y la Guerra Civil en Mallorca del pasado lunes 6 de noviembre de 2017 en su sede (calle Alcalá, 44). También hablé del proyecto arqueológico Espais de la Batalla de Mallorca. La sala se llenó y me acompañó en el acto el presidente del Grupo de Estudios del Frente de Madrid (Gefrema), Antonio Morcillo.

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