¡Gora España!

Gora España, de Lendakaris Muertos.

El Mundial de Fútbol sacude cada cuatro años las conciencias independentistas. Los rufianes liberan al español que llevan dentro porque a la selección no se le puede odiar. Un golazo del mallorquín Asensio a pase de Jordi Alba es insuperable. Veo a nuestros Barcelós, Nogueras y Apesteguias gritando “¡gol!” con lágrimas en los ojos mientras abrazan a sus cuñados de VOX. Luego se sacuden un poco el jersey, miran alrededor y aquí no ha pasado nada.

La selección, seamos sinceros, tiene un no sé qué. Ya puedes haberte escolarizado en el Mata de Jonc y ser hijo de Macià Manera que, si tienes una pizca de corazón, apoyarás a España en el Mundial. Mil años de adoctrinamiento y autoconvencimiento se desvanecen cuando Puyol cabecea a la red entre once torres alemanas, cuando Casillas salva un duelo imposible contra la bala holandesa, o cuando Iniesta marca y su camiseta recuerda a todo el planeta que Dani Jarque siempre estará con nosotros.

Los que llevan toda la vida sembrando la división empezaron bien el Mundial de 2010. La derrota en el primer partido ante Suiza les llevó a titular “Espanya fa el ridícul”. Cuando comenzaron las victorias, una tras otra, tiraron de eufemismos: “La selección”, “La Roja”, “Los de Vicente del Bosque”, etc. No fuera a ser que asociaran la palabra “España” a algún éxito.

Recordemos que el verdadero ridículo lo hizo entonces la radio pública balear controlada por Més per Mallorca. El director de IB3 Ràdio tuvo que dimitir por censurar la información de España en el Mundial. Habían dado órdenes a los periodistas en ese sentido. Un ejemplo fue lo que pasó tras la semifinal que ganamos a Alemania. Yo vi el partido en el Molinar y la gente abarrotaba tanto las calles que tardé casi dos horas en llegar en coche a Palma. Una inmensa locura de banderas y euforia sin precedentes. Bien, pues el boletín informativo de IB3 Ràdio de después del partido no dijo nada al respecto. “Es que no es información de proximidad”, decían. ¿Que los mallorquines ocupemos en masa las calles no es proximidad? Todo era una excusa porque IB3 Ràdio había enviado periodistas a cubrir la final de la Copa del Rey entre Athletic de Bilbao y Barcelona. Ahí no había nada de proximidad, pero se iba a pitar el himno y eso sí interesaba.

Ya puedes controlar la Educación y la Cultura que todo se deshace cuando millones de jóvenes vibran apoyando a los youtubers españoles en su partido de fútbol contra Francia del pasado sábado. España perdió 2-0 pero ver al vasco Ibai Llanos y el gallego Xokas haciendo piña en defensa de nuestros colores es insuperable.

Ya lo dice la canción Gora España de la banda navarra de punk Lendakaris Muertos: “Si me viese mi amatxo, si me viesen los colegas, me colgaban en la plaza por traidor y por idiota. Yo que soy más vasco que el árbol de Gernika, cuando juega la selección no sé lo qué me pasa. Juega España: ¡Ra ra ra! Los mundiales: ¡Va a ganar! Mi conciencia: ¡Me da igual! No puedo evitar gritar: ¡Gora España! ¡Gora España!”.

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El otro intérprete del Conde Rossi

Mateo Bauzá Gayá. Fuente: Familia Bauzá Cardona.

Guillermo Bauzá Cardona es un mallorquín de Burgos. Reside allí pero su padre es de Vilafranca de Bonany, donde toda la vida le llevaron a pasar las vacaciones. Cuando en verano se acercaban a bañarse a Porto Cristo, siempre aparcaban en la zona alta, cerca de la nueva casa de Rafa Nadal. Al bajar del coche, su padre contaba cada año la misma historia: que en la Batalla de Mallorca estaba allí el “cuartel general rojo” de Can Servera y que él lo conquistó junto al fascista italiano Conde Rossi, a quien hacía de intérprete. La familia escuchaba el relato sin darle importancia mientras descendía por un tunelito hasta la playa para darse el ansiado baño.

La playa de Porto Cristo en una imagen de 2013.

Aquello era todo lo que Guillermo sabía de la participación de su padre en la Guerra Civil. Contactó conmigo este verano después de leer mi libro El oro de Mussolini y comenzó a enviarme toda la documentación que encontró en archivos militares. Así pude conocer el alcance de este misterioso personaje. A veces, los actores secundarios que no aparecen en los libros esconden historias más trascendentales que las de los protagonistas.

Mateo Bauzá Gayá nació en Vilafranca en 1914. Estudió con los franciscanos en La Porciúncula (Palma) y con solo 15 años ingresó como seminarista. Con 17 fue enviado a Roma a estudiar Filosofía y pasó allí tres años. En esa etapa debió coincidir con el padre teatino Julià Adrover, el intérprete oficial y mano derecha del Conde Rossi, que en Roma parece que ejercía de secretario de los religiosos mallorquines.

El sacerdoto Julià Adrover, intérprete oficial del Conde Rossi. Fuente: Fideus.

Mateo perdió en Italia su vocación como sacerdote y volvió a España para cumplir el servicio militar. Cuando estalló el golpe militar el 18 de julio de 1936, tenía 22 años y servía de soldado de Transmisiones en el cuerpo de Ingenieros de Palma. En su Hoja de Servicios dice que tomó “parte en las operaciones de defensa contra los desembarcos realizados por el enemigo”, es decir, que participó en la Batalla de Mallorca.

Su italiano era excelente y por su estancia en Roma debía tener buena relación con el padre Adrover. Sin embargo, su nombre no aparece en el informe que hizo el capitán Jaume de la conquista de Can Servera: “A las seis de la mañana el Conde Rossi marchó con su compañía de Falange a Porto Cristo para perseguir al enemigo que se retiraba en desorden. Con Rossi entramos en Can Servera el teniente coronel García Ruiz; el teniente de Ingenieros García Rosselló; el intérprete Julián Adrover, el intérprete Jaime Obrador; un asistente y el balilla Juan Jaume Pons. Al penetrar oímos un tiroteo. Reconocimos el recinto e hicimos un prisionero”. Es posible que fuera el “asistente” o que llegara con otro grupo. No lo sabemos.

Los republicanos llamaban a esa zona el Parapeto de la Muerte. Era el lugar más peligroso de la batalla porque allí sufrían “cada día entre 8 y 10 muertos”. A pesar de ello, lo convirtieron en inexpugnable hasta que recibieron orden de retirarse. Su conquista simbolizaba la victoria final, por eso Mateo Bauzá rememoraba cada verano la epicidad del momento.

Una pena que no escribiera sus memorias. Sirvió como militar el resto de su vida y llegó a capitán de Ingenieros. Murió en 1983 a los 69 años de edad.

Militares sublevados con el Conde Rossi (en el centro, con perilla) en el Parapeto de la Muerte el 4 de septiembre de 1936. Fuente: Miguel Durán.
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La doble tragedia de Bàrbara Mateu Ferrer

Bàrbara Mateu Ferrer, a la derecha de la foto, en una imagen de años después de la guerra. Fuente: Familia Mateu.

La Guerra Civil golpeó duramente a la inquera Bàrbara Mateu Ferrer. Es uno de los dos casos conocidos de mallorquinas con familiares asesinados en los dos bandos. Primero los republicanos asesinaron a su marido y después los sublevados ejecutaron a dos de sus hermanos. El otro caso es el de Jerónima Mas Verd, de Montuiri, que perdió a su marido y dos hijos por un lado y a un hermano por el otro.

El primer asesinato que sufrió Bárbara fue el de su marido, Facundo Flores Horrach. Su delito fue ser alférez al mando de la guarnición militar de Cabrera el 18 de julio de 1936. Facundo no tenía afiliación política. Era simplemente un militar que retuvo a unos pilotos porque así se lo ordenaron. Un submarino lo trasladó como prisionero a la Menorca republicana y allí una turba le golpeó, le arrancó las estrellas, le rompió las gafas y le robó la gorra.

Los otros cuatro prisioneros que le acompañaban fueron rápidamente asesinados. Facundo se salvó porque le necesitaban como oficial en la Batalla de Mallorca. Llegó a subir a una de las barcas de la expedición de Bayo pero fue reconocido y acusado de “traidor”. Lo volvieron a encerrar y la noche del 23 de agosto de 1936 fue asesinado a tiros y arrojado por el acantilado de s’Esperó.

Facundo siempre había tenido buena relación con sus cuñados de izquierdas. Bernat Mateu era el más activista. Fue detenido mientras tomaba café en el Centro Socialista y encerrado en la prisión de Can Mir. Bárbara, al ser ya viuda de militar, intervino por él ante el coronel Tamarit pero no le sirvió de nada. Aplicaron a Bernat la llamada “ley de fugas”. Todavía no ha aparecido su cuerpo.

Bernat Mateu Ferrer. Fuente: CAIB.es.

Antoni Mateu era el hermano más idealista. Estaba afiliado a Esquerra Republicana Balear y, según los historiadores Antoni y Jaume Armengol, se aproximó al socialismo nacionalista. Fue alcalde de Inca en 1932 durante dos años. Cuanto estalló el golpe, los falangistas lo detuvieron en el Port de Pollença y lo encerraron en Can Mir con sus hermanos Llorenç y Bernat. Solo sería liberado Llorenç.

Antoni fue sometido a un Consejo de Guerra junto al alcalde de Palma, Emili Darder, el socialista Alexandre Jaume y el republicano Antoni Qués. Le acusaron de esconder en su casa documentos comunistas y conspirativos como el llamado Plan Lenin. Massot i Muntaner asegura que todas las pruebas eran falsas.

Fue fusilado al alba del 24 de febrero de 1937 en el Cementerio de Palma. Vestía su mejor traje y fumaba un puro habano. Se negó a que le taparan los ojos y, entre el público de la macabra escena, pudo identificar a sus hermanos Llorenç y Bárbara. Pudieron darle el último adiós y enterrarlo en una fosa aparte. Bárbara se quedó tres objetos: un pañuelo manchado de sangre, una caja de cerillas y un cigarro.

Bárbara no tuvo hijos y cedió aquellos recuerdos a la nieta de Antoni, Maria Antònia Mateu. Ella recuerda a su tía abuela como “una persona muy seria, con carácter, debido a lo mal que lo pasó”. “Fue muy duro tener esta dualidad de muertos en ambos bandos. Antoni quería mucho a Facundo y sintió profundamente su muerte”. En 2001 el Ayuntamiento de Inca nombró a Antoni hijo ilustre y le dedicó una plaza.

Antoni Mateu Ferrer. Fuente: Blog Homenatge Nacional.
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El partido de mi vida

Equipo titular de la selección española de escritores, La Cervantina, en el partido contra Alemania el 22 de octubre de 2022 en Frankfurt. De pie: Álex Grijelmo, Gabi Martínez, Nacho Carretero, Alfredo Matilla, Juan López Córcoles, Álex Prada. Agachados: Enrique Ballester, Manuel Aguilera, Pablo García Casado, Carlos Marañón y Enrique Criado.

El otro día jugué mi primer partido internacional de fútbol. A mis 43 años parece que arranca mi carrera futbolística porque vestí nada menos que la camiseta oficial de España en un encuentro contra Alemania en Frankfurt. Público, equipaciones de la Federación y vestuario con jacuzzi. Posiblemente, el partido más importante de mi vida y a los diez minutos ya perdíamos 3-0. Jugaba de central y me sentía responsable. Allí, mientras niños alemanes me gritaban desde la banda “España es una mierda”, repasé en qué momento entregué mi vida a este deporte.

En realidad, comencé tarde. A los 9 años, todos los que querían ser futbolistas entrenaban ya con un equipo, mientras yo me dedicaba a leer cómics. En un recreo, después de un partido, un amigo me propuso apuntarme a la escuela de fútbol “La Estrella” que había en mi colegio. Yo me veía muy mayor ya pero le hice caso. Con 10 años me pusieron en el peor equipo de los cinco que había en La Salle. Mis compañeros tenían un año menos y éramos conocidos por las continuas derrotas. El entrenador no me quería ver ni en pintura. Me dejaba siempre de reserva y algunos entrenos me obligaba a correr en solitario toda la hora. Así me pasé el año, sufriendo la humillación de sentarme en el banquillo para ver jugar a menores que yo.

Todo cambió el día que echaron en la tele Teen Wolf. Esta película que protagoniza Michael J. Fox transformó realmente mi vida. Aunque trata de un equipo de baloncesto, visionarla un viernes por la noche, víspera de partido, fue una motivación infinita. Apenas dormí por el deseo de jugar al día siguiente. A las nueve de la mañana comenzó el partido. Jugábamos en casa y nuestro entrenador no era el de siempre, sino un sustituto que me apreciaba algo más. Me puso de titular y jugué como un loco. Una mezcla de Raúl, Puyol y Muriqi hasta arriba de anfetaminas. El entrenador llegó a pedir tiempo muerto “solo” para que yo descansara. Los demás me miraban extrañados: “Qué coño ha desayunado este hoy”.

Yo no lo sabía, pero aquel día se alinearon los astros. El entrenador del primer equipo del colegio estaba en la grada y se acercó a mí el lunes en el patio: “Menudo partidazo el sábado”. A final de curso colgaron la lista de los elegidos para las cinco plantillas y pasé de una punta a la otra: de reserva en el peor equipo a titular en el mejor. Mi año de 7º de EGB fue una inmensa locura. Ganamos todas las competiciones y hasta metí un gol de cabeza en la final del Campeonato de Baleares con gradas abarrotadas, fotógrafos y trofeos de la Federación. Aquel fue el día más feliz de toda mi infancia.

La Salle A, campeones de Baleares 1990. De pie: Xisco, Santi, Álex, Héctor, Esteban y el hermano Fidel. Agachados: Rafael, Manuel, Carlos, José Miguel y Miquel.

Todo aquello mejoró mis relaciones sociales en el colegio, pero mejor no entrar en eso. Jugué varios años hasta que me encontré en un vestuario rodeado de hombres que me sacaban una cabeza y peinaban pelos en el pecho. Yo era muy bajito y flojo para ser defensa, así que el entrenador me dijo que ni me cambiara para el partido, que no iba a jugar. Rompí a llorar delante de todos. Fue el peor día de mi estrenada adolescencia.

Desde entonces no he dejado de jugar como aficionado. Algunas pachangas entre amigos me han llegado a dar más placer que el sexo, pero mejor tampoco entrar en eso. Por ello, cuando el periodista Nacho Carretero me convocó en la selección española de escritores, me regaló uno de los mejores sueños. En Frankfurt quedamos 3-1, salvamos la dignidad, y volví a sentirme como aquel día de Teen Wolf. En mayo jugaremos la revancha en Madrid. También nos han retado los escritores ingleses. Lo mejor está por llegar.

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La represión del periodismo en Manacor

Primer número del semanario izquierdista Nosotros. 13 de abril de 1935. Manacor. Fuente: Antoni Tugores.

El historiador manacorí Antoni Tugores acaba de publicar un luminoso libro sobre la prensa falangista en la Guerra Civil. Se titula Les plomes de Franco y analiza por primera vez la conversión del periodismo en propaganda en aquellos años durísimos. Revela que en Manacor hubo al menos cinco asesinatos de periodistas del semanario izquierdista Nosotros. Además, reproduce las más extravagantes soflamas fascistas y las analiza en un texto cargado de opinión y sátira.

Conozco a Tugores desde hace 14 años. Coincidimos un día en una radio y desde entonces me ha ayudado y animado en mis investigaciones. Su carácter es tranquilo y afable. Tiene humildad y empatía. Siendo uno de los primeros (y mayores) defensores de la Memoria Democrática, sabe reconocer los hechos de ambos bandos y no se ahorra calificativos en condenar los desmanes republicanos. No es un militante del guerracivilismo sino de la reconciliación, y eso ya es decir mucho en el panorama actual. Por ello, me alegro de que siga publicando.

Tugores investiga una ciudad, Manacor, que sufrió especialmente los horrores del fascismo por su cercanía al frente de la Batalla de Mallorca. Estos días se le ha reconocido su papel como investigador de los asesinatos en el cementerio de Son Coletes, donde acaba de ser identificada la militante comunista Aurora Picornell. Sus libros Manacor La guerra a casaLa historia robada y Moriren dues vegades son referencias obligadas y nos han permitido llegar al lugar que estamos hoy de reconocimiento y dignificación de muchas víctimas.

Ahora aborda un tema muy original. Salvo los trabajos de Arnau Company y Antonio Ruiz, apenas tenemos estudios históricos sobre la prensa balear. Con este libro, sabemos que la represión contra el periodismo también fue salvaje. Tugores nos cuenta que al inicio de la guerra fueron asesinados dos dibujantes y el director del semanario Nosotros. También ejecutaron al hermano del director y a uno de los repartidores de la publicación, Manuel Pérez Ferrari. El caso de este último fue especialmente cruel porque después fusilaron a dos de sus hermanos y a su padre. “Cuatro muertos en una sola casa”, recuerda Tugores. Muchos de los colaboradores del seminario fueron también procesados.

La represión fue tal que hoy es difícil encontrar ejemplares de Nosotros. A partir del 18 de julio de 1936 solo circularía su competidor, Voz y Voto, que era de línea conservadora y pasó a ser “militarizado” por los falangistas. Poco después cambiaría de nombre: primero Renacer y después Arriba, “dejando clara la ideología fascista”. Aunque analiza sobre todo la prensa “nazional”, Tugores reconoce que “la prensa del otro bando cayó en los mismos errores y manipulaciones, no caben maniqueísmos”.

Número controlado ya por Falange del semanario conservador Voz y Voto. 25 de julio de 1936. Manacor. Fuente: Antoni Tugores.

También habla de otros periodistas, como el corresponsal francés Guy de Traversay, que fue fusilado por los fascistas y cuya historia se merece un artículo aparte. Sobre uno de los periodistas antifascistas más conocidos, Jordi Martí Rosselló, alias el Mascle Ros, Tugores dice que es “un verdadero enigma” que el régimen no le sancionara. Algunos creen que es porque tenía un hermano militar. También pudo influir que perdiera tres sobrinas en un bombardeo republicano en mayo de 1937.

Me ha sorprendido un error en el prólogo del escritor Sebastià Alzamora. Dice que el PP sigue sin condenar el golpe militar de 1936. Solo hay que buscar en Google para saber que lo hizo en 2002. Una afirmación impropia de un libro de la talla de Tugores.

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La resurrección de Domingo López

Marineros de la expedición de Bayo, posiblemente de la Guardia Negra, en el Almirante Antequera el 31 de julio de 1936. Foto: Vidal Corella.

Entre las historias increíbles de la Batalla de Mallorca, destaca la del marinero republicano Domingo López. Sobrevivió de milagro a un fusilamiento en Manacor y recorrió kilómetros de campo enemigo en plena noche hasta reencontrarse con las columnas antifascistas en Punta Amer. Su testimonio se publicó por primera vez en el diario El Liberal el 3 de septiembre de 1936. Luego apareció también en las memorias del capitán Bayo y en los libros de los historiadores Miguel Durán y Josep Massot i Muntaner.

Domingo López pertenecía a la llamada Guardia Negra, un grupo de 50 marineros de la base del Prat del Llobregat conocidos por su arrojo en la conquista de Ibiza. Bayo dice que eran “heroicos” y “de una valentía rayana casi en la inconsciencia”. El 16 de agosto de 1936 fueron de los primeros en desembarcar en Porto Cristo y comenzaron a avanzar hacia el interior sin apoyos de ningún tipo. Querían alcanzar el pueblo que tenían a la vista: Son Carrió, en Sant Llorenç des Cardassar. Allí los sublevados mallorquines habían montado una línea de defensa y les tendieron una emboscada. Según el propio Domingo, comenzó un tiroteo mientras unos gritaban “¡Viva España!” y los otros “¡Viva la República!”.

El historiador Josep Cortés recoge el testimonio de un vecino de Son Carrió sobre este hecho. Afirma que sobre el mediodía apareció un hombre muy asustado: “¡Capitán, los rojos están a un kilómetro de aquí!”. Los carabineros y falangistas salieron corriendo hacia el Puig de Son Manxo, la montaña que domina Son Carrió, y allí intercambiaron gritos ambos bandos: “¡Arriba España!’, ‘Viva el comunismo y la libertad’. Y empezó un fuerte tiroteo en el que los rojos tuvieron muchas bajas”.

Uno de los marineros supervivientes relató la emboscada en una carta que después publicaría una revista falangista. En ella, reconocía que iban totalmente confiados: “Fuimos avanzando por el campo la mar de tranquilos, sin ametralladoras ni nada. Como si con 40 marineros se fuera a rendir toda Mallorca. Ellos, como entienden de guerra, no quisieron disparar hasta que nos tuvieron a cinco pasos”.

Domingo dice que fueron abatidos casi todos: “Los fascistas eran más de 300, así que era imposible abrirnos paso. Al llegar la noche, quedábamos muy pocos en pie y algunos pudieron huir”. Por la mañana solo quedaban cuatro marineros vivos que fueron hechos prisioneros y dio la casualidad de que el jefe de los captores era un capitán que conocía a Domingo de la base naval de Cartagena.

—¿Es este el uso que haces de mis enseñanzas? ¿No te acuerdas de la promesa que hiciste al ingresar en filas? —dijo el capitán.

—Sí, la de servir a la República —contestó Domingo.

—Eres un canalla. Sigue andando.

Fueron llevados a Manacor y fusilados contra una pared de la Escola Graduada. Domingo dice que solo sintió una herida en el cuello y oyó a un cura rezar: “Sobre mí caía la sangre de los compañeros muertos”, afirma. Cargaron todos los cuerpos en un camión y los abandonaron en plena noche en el cementerio de Son Coletes. “Allí permanecí hasta que se hizo de día y, cuando me convencí de que no había nadie, me curé con un botiquín que tenía. Luego bebí agua de un pozo”.

Esperó escondido hasta la noche y, con ayuda de un campesino, consiguió recorrer los más de 10 kilómetros que había hasta Punta Amer. Después se recuperó en Maó y Barcelona. Como premio a su valentía, Bayo lo convertiría en miembro de su guardia personal. Aquí perdemos su pista pero es muy posible que sobreviviera a la guerra.

El testimonio del marinero Domingo López publicado en el diario El Liberal el 3 de septiembre de 1936.

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El anarquista de Sants que luchó en Mallorca

Luis Capdevila Giol. Fuente: Familia Capdevila.

Si tiene alguna información sobre Luis Capdevila Giol, por favor, escriba a manuelaguilerapovedano@gmail.com. Gracias!

El Archivo Militar de Palma guarda una carta de un miliciano anarquista a su madre. La escribió desde la “Columna de Bayo. Centuria de la FAI. Punta Amer. Mallorca” y va dirigida a una dirección en el barrio de Sants, en Barcelona. Son unas letras escritas con amor y cariño que nunca llegaron a su destino. El ejército sublevado se hizo con ella al vencer en la Batalla de Mallorca, así que el autor podría ser uno de aquellos cadáveres que sembraron las playas de Sant Llorenç. Pensé en aquel miliciano y, sobre todo, en la madre que nunca tuvo noticias, así que me propuse resolver el final de la historia.

Milicianos antifascistas embarcando en Menorca camino de la Batalla de Mallorca.

La carta dice así: “Mi querida madre: Al recibir esta me gustaría que disfrutara de la misma salud que yo. Madre, aquí estamos todos muy bien. En esta posición no nos falta de nada. Comemos muy bien. Hay pollos y gallinas. Dormimos en colchones de lana. Todos mis compañeros, que son muy buenos camaradas, defendemos la libertad y la razón del pueblo. Los fascistas son unos canallas y unos perros. Madre, darás recuerdos a todos mis compañeros y familia que por mí pregunten. Tú recibe abrazos y besos de tu hijo. Luis Capdevila”.

Luis estaba mintiendo a su madre. Ni comía ni dormía bien, y mucho menos en colchones de lana. Formaba parte de la columna del Transporte Marítimo de la CNT que asediaba Son Servera y empujaba al enemigo hacia Sant Llorenç. No era una posición cómoda; ninguna lo era. Me sorprendió que no citara a su padre ni hermanos. Busqué en bases de datos de archivos nacionales y encontré varios milicianos con el mismo nombre. Uno de ellos me encajaba más porque había sido condenado en la posguerra en Barcelona. Solicité el sumario al archivo militar de allí y, con ayuda del compañero Gonzalo Berger, pude completar la historia.

Luis Capdevila Giol se había criado solo con su madre Raimunda Capdevila en Sants, barrio obrero de tradición libertaria. Nunca conoció a su padre. Trabajaba en la fábrica Metagráfica de la calle Villarroel y estaba afiliado a la CNT desde 1931. Cuando comenzó la guerra, tenía 26 años y se puso enseguida al servicio de la Revolución. Realizó labores de vigilancia con el sindicato y luego se presentó voluntario para ir a Mallorca. Sobrevivió y marchó después a Aragón con la columna Roja y Negra. Allí sería herido en un pie. Cuando se recuperó, fue movilizado por el Ejército Popular de la República para luchar en Teruel.

Siempre tuvo a su madre muy presente. Un día volvió del frente para amenazar con su pistola al dirigente sindical de su empresa, que era el que mandaba ante la huida del dueño, por no pasar a tiempo el sueldo a su madre.

Al caer Cataluña, fue detenido por la denuncia de un conocido. Le acusaba de jactarse de asaltar cuarteles, quemar conventos y matar curas; que llevaba un bonete de sacerdote y un rosario para hacer mofas, y que había ido de voluntario a Mallorca. El tribunal militar solo confirmó la última parte. La sentencia termina así: “Se jactó de haber participado en asalto de cuarteles y en asesinatos, sin que se haya probado la certeza de tales jactancias”. Aún así, fue condenado a 15 años de cárcel.

En 1939 ingresó en la prisión de Gerona con la esperanza de que se revisara su caso. El milagro llegó en 1943. Franco le concedió la libertad condicional junto a más de mil presos. A partir de ahí perdemos su pista. Espero que pudiera reencontrarse con su madre. El pasado 7 de septiembre la Generalitat de Catalunya anuló su juicio para reparar su memoria como víctima del franquismo.

*La familia de Luis Capdevila contactó conmigo tres semanas después de publicar este artículo a través de Twitter. Luis se casó, tuvo cuatro hijos y vivió el fin de la dictadura. Siempre fue fiel a sus ideas.

Luis Capdevila Giol, tras un mitin de Lluís Companys y Francesc Macià. La imagen aparece en el libro Lluís Companys, un vida en imatges.
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El doble bombardeo de Palma del 7 de octubre de 1937

Imagen de una calle bombardeada en Palma durante la Guerra Civil. Archivo Mancini.

Si tiene información sobre los bombardeos de Mallorca, por favor, escríbame un correo a manuelaguilerapovedano@gmail.com. Gracias

Tal día como hoy, hace 85 años, la población de Palma sufrió un doble bombardeo de la aviación republicana. Seis mallorquines murieron y ocho quedaron heridos sin que nadie, actualmente, haya publicado sus nombres ni defienda su memoria. Ningún historiador se ha molestado nunca en investigarlo ni en hacerles homenaje alguno, así que yo lo voy a contar en esta columna.

A las diez de la mañana del 7 de octubre de 1937 un total de 15 aviones rusos Katiuska arrojaron decenas bombas sobre Palma. Uno de los barrios más castigados fue el de Santa Catalina, entonces un arrabal obrero con mayoría de voto izquierdista. Los proyectiles cayeron alrededor de la iglesia de San Magín y asesinaron a Guillermo Vaquer Adrover cuando intentaba protegerse pegado a una pared. Sobre su muerte, la prensa publicó que “no hubiese ocurrido de haber seguido las órdenes, porque tuvo tiempo de sobra para llegar hasta el refugio, pero prefirió quedarse arrimado a una pared cercana a la iglesia de la Inmaculada Concepción”.

La finca de Can Florit, situada junto a la iglesia y el actual restaurante Spot, quedó acribillada de metralla desde el portal hasta la azotea. Esta finca está todavía arreglando problemas de estructura debido a aquel bombardeo. Así lo comunicó hace poco el presidente de la comunidad a los vecinos.

Los aviones continuaron hasta la base italiana de Son Sant Joan y, como todavía les quedaba carga, arrojaron bombas sobre fincas colindantes en el Pla de Sant Jordi. Allí mataron a otras dos personas: Bernat Ramis Nadal, hijo del que había sido maestro del Pla de Sant Jordi y autor del libro Doble Assassinat, y Margalida Pou Vich, de s’Aranjassa. Quedaron heridos Margalida VichJosep Campins y Francesc Mulet.

El libro Pla de Sant Jordi, historia d’un poble, recoge el testimonio de una testigo: “El día que murió Bernat Ramis sentimos un fuerte ruido de motores que se acercaban. Eran unos catorce aviones que volaban a mucha altura. (…) Todos los payeses de los huertos cercanos corrimos hacia el refugio de Can Vico de Darrere, mientras se oían las ráfagas de ametralladoras de Son Sant Joan”.

A eso de las cuatro de la tarde volvieron los aviones. Esta vez la peor parte se la llevó el casco antiguo de Palma: la zona de Sa Gerreria y Es Baluard des Príncep. Arrojaron unas 80 bombas pero no todas explotaron. Una de 150 kilos cayó en el patio de una casa de la plaza del Pes de Sa Palla y milagrosamente no detonó. No tuvieron tanta suerte en una vivienda cercana y una mujer murió bajo los escombros de su casa. Su hija pequeña resultó herida. Por ahora no he encontrado sus nombres.

Cayeron bombas también en el histórico Convent de Sant Jeroni. Allí murieron aplastadas en la Enfermería las únicas dos monjas que no pudieron bajar al refugio. Una estaba ciega y gravemente enferma, así que no podía moverse. Se llamaba Amparo de Jesús Mir Jaume y era prima segunda del obispo Josep Miralles. La otra no quiso dejarla sola y murió con ella. Se llamaba Antonia del Sagrado Corazón de Jesús Pons Alcover y era natural de Lloseta.

No entiendo por qué mi admirado Josep Massot i Muntaner nunca publicó ninguno de estos nombres en su libro ni quiso humanizar una historia tan trágica como los bombardeos de Mallorca.

Diario La Almudaina, 9 de octubre de 1937.
El Correo de Mallorca, 7 de octubre de 1937.
El Correo de Mallorca, 9 de octubre de 1937.
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Armengol, sigue a tu amigo Puig

Fuente: Instituto Nacional de Estadística.

Iba a escribir sobre la portavoz de Més que no se entiende con su médico privado pero hay algo mucho más importante: el empobrecimiento de los trabajadores. No se me ocurre un tema más urgente ahora mismo. Los precios han aumentado un 20% en los últimos diez años en España (Fuente: INE). Si su sueldo no ha crecido el mismo porcentaje, sepa usted que es un 20% más pobre. Da igual que el Gobierno hable de lo bien que va el paro o la recaudación de impuestos. La realidad es que los trabajadores nos hemos empobrecido silenciosamente y encima tenemos que aguantar truquis para ahorrar como poner la lavadora por la noche y comprar albóndigas de hacendado ­—por cierto, valen 1,50 y no están nada mal­—.

Piensen que todos estos datos de inflación son a nivel nacional. Si miramos solo Baleares, somos los que estamos peor. Ultima Hora publicó en portada este miércoles que tenemos la cesta de la compra más cara de España. Para que se hagan una idea: el aceite ha subido un 75% (¡casi el doble!), y la leche y la pasta un 24%. Yo ya no pido el ticket de compra en ningún sitio. Ni en supermercados ni gasolineras. Prefiero llevarme sustos cuando me cargan la tarjeta el día 5 de cada mes y pedir después dinero prestado a mi primo.

Como remate, las hipotecas se han encarecido este año entre 100 y 200 euros cada mes y van a seguir subiendo en los próximos años. Pongamos que usted cobra un sueldo de 1.500 euros desde hace 10 años. Ahora, con el aumento de la inflación y las hipotecas, es como si cobrara solo 1.100 euros. Enhorabuena. Le acaban de hacer un lío que no sabe ni por dónde le ha venido, como diría aquel del video de APM.

Los sindicatos llevan unos años de bochornosas vacaciones. El líder de UGT, Pepe Álvarez, no quiere que le arruinemos la fiesta que empezó en noviembre de 2019, cuando Sánchez ganó las elecciones. “Que se vayan a hacer puñetas, vamos a disfrutar del verano”, dijo el pasado julio. Ahora, después de ver al CSIF en dos telediarios, UGT y CCOO han convocado manifestaciones en las sedes de las patronales el 7 de octubre y el 3 de noviembre para exigir “justicia salarial”. Lo de presionar al Gobierno lo dejarán para después de las elecciones del año que viene ­—si las encuestas se cumplen, claro—.

Las medidas para salvar a los trabajadores deben venir tanto desde la patronal como del Gobierno. La primera, a través de una subida generalizada de sueldos en base al IPC anual; el segundo, bajando los impuestos. Ahora, gracias a la inflación y las ayudas de Europa, Pedro Sánchez y Francina Armengol cuentan con más dinero público que nunca y tienen margen de maniobra. Será mejor meter algo de dinero en el bolsillo de los ciudadanos que seguir engordando la Administración y repartiendo subvenciones a los suyos.

El ejemplo lo dio este miércoles presidente valenciano Ximo Puig anunciando una bajada del IRPF a las rentas por debajo de los 60.000 euros. La ministra de Hacienda le reprendió por adelantarse y anunció ayer una rebaja fiscal a las rentas hasta 21.000 euros y una subida de sueldo de los funcionarios de un 3,5%. Estimada presidenta Armengol: toma tú también la iniciativa y detén el empobrecimiento de la clase media trabajadora. No esperes órdenes de Madrid. Sigue el camino de tu amigo Puig.

(Columna publicada en el diario Ultima Hora el viernes 30 de septiembre de 2022).

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El bombardero nazi caído en Santanyí, Mallorca

Bombardero Junckers Ju-88. Fuente: Wikipedia.

La compañera Laura Jurado contó el otro día en la serie Imaginari de la televisión pública balear IB3 la historia del bombardero alemán que cayó en Cabrera durante la II Guerra Mundial. Es una de las más conocidas porque de ella derivó la leyenda del fantasma del piloto apodado El lapa. Hubo otros cuatro aviones nazis que se estrellaron en Baleares y uno de los menos conocidos es el que cayó en Santanyí.

Según el historiador José Carlos Violat, el 1 de febrero de 1944 una escuadrilla de bombarderos Junkers Ju-88 volaron desde Montpellier (Francia) hasta Orán (Argelia) para bombardear un convoy aliado. Cuando regresaban, el tiempo empeoró y uno de los aparatos se quedó sin combustible, así que realizó un ataque de emergencia en un amplio llano que divisó a su izquierda: la finca Sa Punta de Santanyí, que tenía 400 hectáreas y pertenecía a Maria Binimelis.

El piloto ejecutó un aterrizaje excelente. Según los testigos del suceso, recogidos por Violat, “el aparato venía solo, sin daños aparentes, desde la dirección sureste. Realizó algunas maniobras y se posó suavemente, pero el piloto no observó un muro que había al final del descampado y que servía para retener el agua de lluvia”. El avión colisionó violentamente contra el muro y murieron en el acto tres de los cuatro ocupantes: el piloto Kurt Koch, de 30 años; el observador Ernst Szillat, de 36 años, y el mecánico Wilhelm Wicher, de 28 años. El único superviviente fue el suboficial Kurt Naacke, que fue acogido por los dueños de la finca y pasó una noche en la pensión Can Martina de Porto Petro.

Naacke volvió a su país enseguida y los cuerpos de sus tres compañeros fueron enterrados en el cementerio de s’Alqueria Blanca. El nicho fue cedido por Nicolás Rigo al Consulado Alemán y colocaron una placa con sus nombres y una cruz de hierro. En los meses siguientes, el Junkers fue saqueado por los vecinos de la zona y la finca pasó a llamarse popularmente como el Cementeri de l’avió.

Placa en la fosa de los aviadores alemanes muertos. Cementerio de s’Alqueria Blanca, Santanyí, Mallorca. Fuente: José Carlos Violat.

En 1982 apareció por allí una joven alemana medio mallorquina llamada Gabriele Poppelreuter. Tenía el encargo de exhumar los cuerpos de alemanes muertos en las dos guerras mundiales enterrados por toda España. En Baleares tenía localizados 19 cuerpos: ocho en Mallorca, siete en Ibiza, dos en Formentera, uno en Menorca y uno en Cabrera. Se llevaron a todos, incluidos los tres de Santanyí, al cementerio alemán de Cuacos de Yuste (Cáceres), donde murió Carlos I de España y V de Alemania. Allí los dignificaron en tumbas separadas con una cruz y su nombre. Según me cuentan, la placa original de s’Alqueria Blanca permaneció algunos años más. Hoy, Gabriele, aquella joven alemana que recuperó los cuerpos, es teniente de alcalde de Deià con el líder de la coalición ecosoberanista Més per Mallorca, Lluís Apesteguia.

Tumbas de los aviadores alemanes muertos en Santanyí, Mallorca. Cementerio alemán de Cuacos de Yuste (Cáceres). Fuente: José Carlos Violat.

Es curioso la cantidad de accidentes de aviones en los que solo hubo un superviviente. Ocurrió igual en Cabrera y en Andratx. Este último fue un bombardero francés Potez que pilotaban voluntarios checos para el bando republicano en la Guerra Civil. Fueron derribados por los cazas italianos en mayo de 1937 y solo sobrevivió el piloto Jan Ferak. El aparato también fue saqueado y cuentan que su fuselaje fue reutilizado por herreros de la zona para hacer herramientas y cubiertos que hoy todavía se usan.

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La última hazaña del legionario Mateo Juan Oliver

Entre los llamados “héroes caídos” del bando sublevado en la Guerra Civil en Mallorca, destaca el legionario Mateo Juan Oliver, alias Matet, de Sant Llorenç des Cardassar. Sus hazañas en la Batalla de Mallorca se contaban en los actos fascistas y varias fuentes de la época coinciden en el relato. Quizá se ha exagerado pero no deja de ser interesante. Llegó a ser prisionero de los antifascistas, logró escapar y dio su vida en un ataque que provocó la detención de 39 enemigos en Porto Cristo.

Mateo Juan tenía 33 años en 1936. Estaba soltero y era un fiel feligrés de la parroquia de Sant Llorenç. Poco se sabe de su vida hasta entonces, pero debió haber servido como legionario en África porque entró de cabo y llegó a sargento de la Legión de Mallorca, creada de manera improvisada al inicio de la guerra. Sus superiores dicen en sus informes que era un temerario. Se ofrecía voluntario para todas las operaciones y siempre iba en vanguardia.

El primer ejemplo lo dio en los primeros días de la batalla de Porto Cristo, el 16 y 17 de agosto de 1936. Al parecer, comenzó a abatir enemigos y se vino tan arriba que avanzó hasta quedar rodeado y caer prisionero. Según su testimonio, después ocurrió lo siguiente: “En un descuido me quité la camisa legionaria y como entre ellos no se conocían pude pasar desapercibido. El que me cogió se hizo mi amigo. Me miró las manos y dijo que eran de trabajador. Entonces me hice rojo, aunque por poco tiempo”. Afirma que llegó a conocer al capitán Marcelino Zapatero, comandante de la columna antifascista de Porto Cristo. Y sigue su testimonio: “Un marxista me dijo: ‘Tú, que conoces estos lugares, acompáñame a una buena casa en la que podamos coger algo’. Y fuimos. Una vez allí, el marxista se agachó para registrar un armario y le di un estacazo con el fusil en la cabeza. Lo dejé muerto. Confundido entre los demás rojos, me marché y pude escapar».

La segunda “hazaña” que destacarían sus jefes llegó el 1 de septiembre. Durante un reconocimiento en las primeras casas de Porto Cristo, descubrieron que en el Café Can Noy había un grupo de antifascistas. Se ofreció voluntario para asaltarlo y, según el informe militar, fue “el primero en acercarse hasta la puerta disparando”. Después vació su pistola por una ventana y cuando se asomó a ver el interior murió de un balazo en la cabeza. Los sublevados enviaron refuerzos y “se entabló un violento combate con un grupo de unos 40 individuos que se resistió tenazmente. El enemigo aguantó todo el día y, cuando ya estábamos dispuestos a atacar la casa con granadas de mano y hacerla arder, empezó la rendición. Hicimos 39 prisioneros”. Según el capitán legionario Pérez Vengut, tenían “la bandera separatista” y la mayoría eran de Manresa. Al concluir la batalla, los sublevados clamaban venganza. Los prisioneros fueron paseados como un trofeo por Manacor, fotografiados y poco después fusilados.

Milicianos antifascistas prisioneros y expuestos en Manacor el 4 de septiembre de 1936. Poco después serían todos fusilados. Foto: Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores italiano.

Mateo Juan sería enterrado en el cementerio de Manacor. Según el historiador Josep Cortès, “era muy radical y violento, tanto que expusieron su cuerpo en su casa, dentro de un ataúd, con una pistola en cada mano. Después, la familia se marchó a vivir a Argentina”. En un acto de Acción Católica en Sant Llorenç el 4 de noviembre de 1936, el capellán de la Legión, Ramón Vives, le llamó “la gloria de San Lorenzo”.

Para saber más: Libro del capitán legionario Pérez Vengut

Milicianos antifascistas muestran una bandera independentista en el barco camino a Mallorca en agosto de 1936. Fuente: Vidal Corella. ABC.
Legionarios con la misma bandera independentista cogida a los milicianos en Porto Cristo (Manacor, Mallorca) en septiembre de 1936. Fuente: libro del capitán Pérez Vengut.
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Ocupas con corbata

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El otro día la periodista Rosa Villacastín sufrió la furia de los fanáticos de Twitter por este tuit: “Pregunto: alquilas un piso por un tiempo determinado. Ambas partes firman un contrato, que está para cumplir. El inquilino a los dos meses deja de pagar, y te dice que no piensa pagar. ¿Y ya está? ¿Se queda en el piso por las buenas el tiempo que quiera y el juez le da la razón?”. Las respuestas eran para echarse a temblar: “Si una persona deja de pagar es porque habrá tenido un problema”. Parece que siempre los morosos son familias humildes y no es así. También hay ocupas con corbata.

Les voy a contar una historia de terror que sufrió mi familia. Mis padres tenían hace unos años una casa en Playa de Palma. En un momento dado, decidieron alquilarla todo el año, renunciando así a disfrutarla los tres meses de verano como hacíamos siempre. Le dije a mis padres que sería más rentable hacer Airbnb, pero ellos, que ya están mayores, preferían estar tranquilos a costa de cobrar menos dinero. Le dijeron a la inmobiliaria que solo la alquilarían a tiempo completo.

Un día se presentaron dos abogados mallorquines, padre e hijo, con cara de cándidos. Nos contaron que la querían alquilar para alojar a trabajadores de una obra cercana. Firmamos el contrato y al mes siguiente ya estaban subarrendando la casa en Airbnb. Las fiestas eran continuas, los vecinos se nos quejaban del ruido y nosotros no podíamos hacer nada. Un día me acerqué a la puerta de la casa y los alemanes que estaban de cervezas en nuestra terraza me dejaron ver el contrato. Estaban pagando 500 euros al día. Los cándidos abogados le estaban sacando como mínimo una rentabilidad del 600%. Negocio redondo.

Mis padres contrataron un abogado para echarlos por incumplir el contrato. Ellos respondieron dejando de pagar el alquiler. Negocio más redondo. Nos quejamos a la inmobiliaria y resulta que la chica estaba compinchada con ellos: “No debéis denunciarlos. Son abogados y vais a perder”.

Aquellos días tuve por casualidad una comida con jueces de civil y penal. Les expliqué el caso y reconocieron que la ley no nos amparaba. Realmente teníamos todas las de perder. En el mejor de los casos les echaríamos en tres o cuatro años. Negocio súper redondo. Mis padres, a sus 80 años, perdían el sueño, como los vecinos que sufrían el ruido. Y así estuvimos, impotentes varios años, hasta que ofrecieron marcharse si quitábamos la denuncia.

Debían tener otras casas para ir desplegando su estafa legal. La ley protege al ocupa y muchos tienen corbata.

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Presentación completa ‘El oro de Mussolini’ el 21 de septiembre

Presentaré El oro de Mussolini el miércoles 21 de septiembre a las 19 horas en el Castillo de San Carlos (Palma. Mapa aquí). Luego tomaremos una 🍷

Todos los asientos han sido ya reservados el 13 de septiembre.

Habrá otra presentación el jueves 20 de octubre a las 19 horas en la Biblioteca de Cort (Palma).

Me encantará veros 😊

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Entrevistas en SER y COPE sobre ‘El oro de Mussolini’

El periodista Carlos Herrera (2,7 millones de oyentes) me entrevistó en COPE el 7 de junio de 2022 sobre el libro El oro de Mussolini. Cómo la República planeó vender parte de España al fascismo (Arzalia Ediciones). Poco después, el 4 de agosto, la periodista Sònia Trujillo lo hizo en SER Mallorca. Os dejo ambas entrevistas. También las colgaron en sus webs: Entrevista COPE y Entrevista SER.

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Un falangista en las filas de Bayo

Milicianos en la Batalla de Mallorca
Milicianos antifascistas de la expedición del capitán Alberto Bayo en Mallorca.

La reedición del libro Menorca 1936, de Juan José Negreira, incluye las memorias inéditas de un falangista soldado de Infantería que luchó obligado en Mallorca en las milicias antifascistas del capitán Bayo. Es un testimonio muy original y revelador sobre la cantidad de infiltrados que tenían las filas republicanas y lo perjudiciales que fueron para la marcha de las operaciones. Según su escrito, gran parte de los militares menorquines que lucharon con Bayo simpatizaba con el enemigo

El madrileño Carlos Guerrero Fernández-Luanco era hijo del coronel de Infantería Arturo Guerrero Plaja y estaba de vacaciones en Menorca cuando estalló el golpe. Su padre fue detenido por los republicanos y se salvó de milagro de los fusilamientos de La Mola. Solo fue herido y, al parecer, un favor del pasado al brigada republicano Pedro Marqués le permitió seguir con vida. El hijo también fue protegido y se embarcó con el Regimiento de Infantería nº 37 de Menorca rumbo a Mallorca el 16 de agosto de 1936. “Al subir a bordo nos dicen que de nuestra actuación responde la cabeza de nuestros padres”, afirma.

Desembarcaron en la playa de Sa Coma y se encontraron un panorama desolador: “Parece que nos van a hacer papilla y no vamos a volver a Mahón ni uno siquiera. El hambre y el sol aprietan, pero no tenemos donde guarecernos y nadie nos da de comer. El desembarco ha sido muy difícil y eso que los mallorquines no lo esperaban”. Cuenta que vestir uniforme militar les creaba problemas porque los milicianos les confundían con enemigos.

Guerrero insiste en el hambre y el calor que pasó en Mallorca. No se aseó durante dos semanas. Participó en la ofensiva de Son Servera pero sin realizar ningún disparo. Destaca la escasa preparación de algunos desembarcados: “Algunos manejan las armas con desenvoltura, pero hay muchísimos que nunca en su vida se las han visto tan apuradas; uno mete el cargador torcido y al quedar una bala torcida le da golpes violentos apuntando a la barriga del compañero. En fin, es un desbarajuste”.

Deseaba cruzar las líneas o ser herido, cuando el diario miliciano La Columna de Baleares publicó su nombre: “Se presente al capitán Bayo con urgencia Carlos Guerrero Fernández”. Pensaba que lo habían descubierto y lo fusilarían. Acudió con mucho miedo al cuartel general, en Punta Amer, y se encontró por primera vez con Bayo: “Monta un caballo blanco y va en mangas de camisa con su gorra de aviador; le sigue una comitiva que parece sacada de alguna película de piratas: diez forajidos desnudos de medio cuerpo para arriba, con un pañuelo atado a la cabeza, barbudos y tostados por el sol, sucios, desgreñados y con un verdadero arsenal de armas”.

Bayo se le quedó mirando. No recordaba por qué lo había llamado: “¡Ah, sí! Marqués quiere que vuelvas a Menorca”. Le firmó un salvoconducto para marchar en el primer barco. Aquello le salvó de unos últimos días terroríficos porque la aviación italiana acababa de llegar. Sobre ello, relata un doloroso encuentro en un hospital de Menorca con un amigo de Fornells: “Me mira con ojos sin expresión gritando ‘aviones, aviones’, e intenta lanzarse al suelo. El enfermero me cuenta que quedó enterrado por una bomba en Mallorca y lo evacuaron totalmente trastornado”. Poco después, el joven murió.

Guerrero se reencontró con su familia pero su padre sería asesinado en la matanza de militares del Atlante del 19 de noviembre de 1936. Él participaría después en una conspiración pero, de nuevo, tuvo suerte. Sorteó la detención y lo destinaron a Valencia. Nunca sería procesado por ningún bando. Su madre llegó a ser dirigente de la Sección Femenina de Falange.

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Últimas cartas desde el frente de Mallorca

Las postales del alférez de las milicias antifascistas Román Bustamante Pons escritas desde Porto Cristo el 2 y 3 de septiembre de 1936. Archivo Intermedio Militar de Mallorca.

“Querido amigo: te agradezco mucho el haberte acordado de mí. Por aquí se está bien a ratos. Tengo muchas ganas de volver a Mahón, pues ahora me doy cuenta de lo que vale nuestra roqueta. Un abrazo. Román”. Este breve mensaje nunca se envió. Lo escribió en una postal un miliciano antifascista llamado Román Bustamante Pons e iba dirigida a su amigo Francisco Company, del Café Suizo de Maó. Sin embargo, jamás salió de Mallorca porque las tropas franquistas se hicieron con ella tras la victoria en la batalla de agosto y septiembre de 1936. Cuando la vi, pensé que habían matado al autor o que simplemente se había perdido. Hoy se conserva en una caja del Archivo Militar de Mallorca.

Hay siete postales más escritas por Román, todas con una foto de las Cuevas del Drach. Las escribió los días 2 y 3 de septiembre, un día antes de la derrota, e iban dirigidas a su familia y amigos: “Querida e inolvidable mamá: ayer recibí las cuatro letras tuyas y de Gloria [su hermana] y no sabéis cuánta alegría me habéis causado, pues hacía días que ansiaba recibir vuestras noticias. Yo sigo bien por ahora, deseándoos mucho valor. Ya sabéis dónde tenéis un hijo y hermano que os quiere”. “Me dejo la barba y seguro que cuando vuelva no me conoceréis. Recibe el abrazo de tu hermano que no te olvida”.

Cuando vi todas estas postales en el archivo, me propuse saber qué había sido de Román. Pronto me di cuenta de que no era un miliciano, sino un militar regular. Su nombre aparece en el diario oficial de los desembarcados, La columna de Baleares, del 24 de agosto: “Preséntese urgentemente al alférez de Artillería Román Bustamante que se halla en el frente de Porto Cristo el soldado Armando García que abandonó su puesto sin permiso”. Allí estaba al mando de unas baterías del 7,5.

Román sobrevivió a la Batalla de Mallorca porque otro documento del archivo revela que se escapó con varios militares de la Menorca republicana en octubre de 1937 y, tras quedar el barco a la deriva, fueron rescatados por un vapor holandés y desembarcados en Italia. De allí, los trasladaron a la Mallorca franquista, donde se pierde la pista. En 1940, el régimen le reconoció el grado de brigada de Artillería.

Archivo Intermedio Histórico Militar de Mallorca.

Su familia era muy conocida en Maó. Tenía uno de los mejores hoteles de la ciudad, el Bustamante, con 33 habitaciones en la plaza del Príncipe. Uno de sus descendientes tiene un blog con fotos de la familia. Román murió en el año 2000 a la edad de 86 años.

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Los rojos ya están aquí

Portada del libro de Rafel Perelló con entrevistas a mallorquines de Manacor, Sant Llorenç des Cardassar y Son Servera que vivieron la Batalla de Mallorca como civiles. Editorial Purpurina.

Tal día como hoy, el 16 de agosto de 1936, todas las campanas de Mallorca repicaron al grito de “Els rojos ja són aquí!”. Todas las iglesias sonaron llamando al combate contra los milicianos antifascistas desembarcados en las calas de Manacor y Sant Llorenç des Cardassar. Los voluntarios de organizaciones de derecha se reunieron en las plazas sobrecogidos por un terror absoluto porque no sabían qué se iban a encontrar. Se montaron en vehículos y marcharon hacia el frente. Había comenzado la Batalla de Mallorca.

Mallorca era un objetivo muy asequible porque no tenía armada ni aviación. Los antifascistas controlaban las demás islas y los golpistas llevaban días enviando telegramas desesperados a Franco: “Amenazada Mallorca por tres desembarcos simultáneos procedentes de Barcelona, Valencia y Mahón, considera urgentísimo envío aviación para evitarlos”. La respuesta era que no podían ayudarles: “Empleen cuantas bocas de fuego tengan porque con seguridad no se les acercarán. Movilicen elementos afectos para vigilar las principales calas”.

Los golpistas obedecieron y pusieron puestos de vigilancia en todas las calas salvo las de la Serra. Así fue como dieron el aviso del primer desembarco en Cala Anguila (Manacor) a las 4.30 de la madrugada. Los falangistas Bartolomé Ramis y Damián Truyols, y el requeté Bernardo Galmés alertaron desde aquel puesto a la Guardia Civil. Explicaron “que por la mucha niebla no habían podido avisar antes y que con su fuego no habían podido contener al enemigo por su mucho número”.

El aviso llegó a Manacor a las 5.15 horas. El teniente Ángel Pagés llegó con diez hombres a Cala Anguila y comprobó que cientos de milicianos se dirigían andando hacia Porto Cristo, unos tres kilómetros al norte, donde estaba desembarcando el grueso de sus compañeros. Recibió orden de adelantarles corriendo y organizar una defensa en el pueblo. Junto al teniente Miguel Bonet y un centenar de voluntarios “resguardados en los bancos de los paseos”, dispararon a las barcazas e hicieron mucho daño en el cuello de botella que forma el Port de Manacor. A pesar de ello, se enfrentaban a más de mil enemigos, así que acabaron retirándose.

El capitán Ignacio Despujols, jefe de las milicias de Manacor, dice en su informe: “Esta tropa bisoña no profesional y de la que más de la mitad no había servido, algunos de los cuales contaba con solo cinco días de instrucción, resistió cinco horas con denuedo sin igual a un enemigo que atacaba con nutrido fuego de fusilería, cuatro ametralladoras y cinco aviones”.

El comandante de las milicias antifascistas, Alberto Bayo, asegura que él nunca quiso desembarcar allí porque Porto Cristo tenía una carretera de fácil acceso para que los golpistas recibieran refuerzos, como así ocurrió. El resto de sus milicianos desembarcó en Punta Amer, una zona aislada más al norte que les permitió crear una cabeza de puente de varios kilómetros.

Los defensores de Porto Cristo retrocedieron y sobre las once de la mañana crearon una línea de defensa en las Cuevas dels Hams con nuevas unidades llegadas de toda la isla. Ellos mismos reconocen en sus diarios de operaciones que, si los antifascistas hubieran seguido avanzando aquella mañana, hubieran cazado como a conejos a los refuerzos que iban llegando por la carretera. Así comenzó un día clave en la Historia de España.

Milicianos desembarcando en Punta Amer, en Sant Llorenç des Cardassar (Mallorca). Foto: Torrents. Fuente: BNE, Julià Rodríguez.
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Las cunetas de Irlanda del Norte

El periodista estadounidense Patrick Radden Keefe ha escrito el mejor libro sobre el terrorismo en Irlanda del Norte. Su libro No digas nada es un ejemplo de cómo el periodismo narrativo puede convertir la Historia en un producto atractivo. Usa como hilo conductor el secuestro y asesinato de una madre de diez hijos, Jean McConville, que fue acusada por el IRA de pasar información a los británicos. Un día entraron en su casa varios hombres, la metieron en un coche y nunca más se supo. Sus diez hijos, que entonces eran muy pequeños, se quedaron toda una vida esperando, martirizados por la incertidumbre. Como dijo el escritor Ariel Dorfman, “no se puede llevar luto por alguien que no ha muerto”. Keefe ha logrado resolver este enigma casi 50 años después de los hechos. Lo cuenta en el último capítulo.

El libro revela también las historias humanas de los Troubles, el peor momento del conflicto, que convirtió Irlanda el Norte en una zona de guerra con 3.500 muertos. Cuando llegó el proceso de paz en 1998, los gobiernos del Reino Unido e Irlanda crearon una Comisión Independiente para la Localización de Restos de Víctimas. Como dice Keefe, “lo más cruel de la desaparición forzosa como instrumento de guerra es probablemente que niega a los allegados esa ceremonia final, relegándolos a un permanente limbo de incertidumbre”.

La comisión logró identificar 16 cuerpos. El primero fue el de Eamon Molloy, joven de 21 años ejecutado por el IRA en 1975 por pasar también información a los británicos. Lo habían enterrado de noche en un cementerio medieval. La familia recuperó el cadáver 24 años después, organizó un funeral y volvió a enterrarlo. Un sacerdote vio la noticia en los medios y contactó con ellos porque tenía algo que contarles. Confesó que una noche de 1975 un grupo de hombres se presentó en su casa y le llevó a una zona remota. Allí se encontró al joven Molloy atado de pies y manos. Lo iban a ejecutar cuando pidió confesarse antes con un sacerdote. Con las prisas, el cura se había olvidado el rosario, pero el jefe del pelotón de ejecución sacó el que llevaba en el bolsillo: “Tome el mío”. Molloy pidió que diera un mensaje a su familia: que él no era un informador. En realidad sí lo era, pero no quería que su familia lo supiera. El sacerdote nunca transmitió el mensaje ni denunció lo ocurrido a la policía. Guardó silencio durante 24 años.

El primer sitio donde buscaron el cuerpo de Jean McConville fue una playa. En Mallorca —y en toda España— también necesitamos romper silencios para resolver crímenes y cerrar heridas.

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Gay de Montellà, el mediador de Mussolini

Rafael Gay de Montellà.

Uno de los personajes más interesantes que he encontrado en las sombras mientras investigaba el libro El oro de Mussolini es el abogado Rafael Gay de Montellà. Su nombre no figura en los libros de la Guerra Civil en Mallorca pero es clave en la historia. En este caso, era un jurista catalán refugiado en la isla que hablaba italiano y actuó de mediador en los negocios de Mussolini. Como revelo en mi libro, participó en 1938 en la compra secreta de La Albufera para crear una colonia italiana.

Gay de Montellà se fue adaptando al tiempo que vivió. Nació en Vic en 1882 —todavía tiene allí una calle con su nombre—, militó en las juventudes de la Lliga Catalana y en 1933 publicó un libro titulado Catalunya, Nació Mediterrània. Su catalanismo derivó en un apoyo total a Franco cuando vivió la revolución de 1936. En su libro de memorias de la guerra, Atalayas de Mallorca, escribió: “Durante la semana hemos visto la revolución desencadenada sobre España, la destrucción de las iglesias, la profanación de los altares, el incendio, el saqueo, la paralización del trabajo…”. El 30 de julio de 1936 consiguió huir de Barcelona a Génova en un buque italiano.

Fue muy bien acogido por la Italia de Mussolini, donde se reunió con grandes hombres del régimen, como el ministro de Educación, y colaboró en la ayuda a los sublevados españoles. En su libro publicado en 1940 adula a Franco y a Mussolini como caudillos de un nuevo imperio Mediterráneo. Pasó varios meses en Roma y en abril de 1937 se trasladó a una Mallorca italianizada. El 16 de octubre de ese año escribió: “Hoy Palma ha querido rendir un homenaje de agradecimiento a la aviación legionaria italiana. Bien merecido lo tienen”.

En 1938 participó en la operación de maquillaje para crear una colonia secreta italiana. Actuó de mediador entre la familia Gual de Torrella y los espías de Mussolini. Crearon una empresa pantalla que compró las fincas de La Albufera y Son Sant Martí (18 kilómetros cuadrados) y puso al frente a testaferros mallorquines. El objetivo de Mussolini era “crear un centro de italianidad” que se fuera expandiendo con los años. Rafael Gay de Montellá aparece como miembro del Consejo de Administración de la empresa junto al jefe del espionaje fascista en España, Santorre Vezzari. La operación fue muy lucrativa para todos. El Duce había puesto cinco millones de pesetas sobre la mesa y todos se llevaron una comisión.

Gay de Montellá habla ligeramente de la familia Gual de Torrella, la que vendió La Albufera, en su libro de memorias. Dice que en un palacio de Son Verí, “entre pinos que parecen trasplantados de Roma”, tienen guardados cuadros del Greco, Goya, Murillo y Tintoretto.

Después de la guerra, volvió a Barcelona y siguió ejerciendo de especialista en derecho mercantil. El profesor Xavier Oliveras dice de él que “era italianista” y tenía “una relación frecuente y fluida con la colonia italiana residente en la ciudad”. Escribió varios artículos y libros donde “proponía la constitución de una Liga Panmediterránea integrada por España, Francia e Italia, bajo un ideal común de paz y solidaridad latinas”. Murió en 1969. Su sobrino nieto es Joaquim Gay de Montellá, presidente de la patronal catalana Fomento del Trabajo Nacional entre 2011 y 2018.

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Los cuerpos bajo la playa de Sa Coma, Mallorca

Arqueólogos prospectando la playa de Sa Coma, en Sant Llorenç des Cardassar, Mallorca.

El Govern abrirá el año que viene la playa de Sa Coma, en Sant Llorenç des Cardassar, para recuperar cientos de cuerpos de antifascistas que murieron durante la Batalla de Mallorca. Varias fuentes indican que fueron enterrados en la misma arena, en la esquina con Punta n’Amer, durante el combate de agosto de 1936. Algunos hablan de niños que han encontrado huesos, así que no podemos seguir mirando para otro lado. La gente debe saber si está tomando el sol sobre una fosa de la Guerra Civil.

Asesorado por los historiadores Antoni Marimon y Dolors Marín, el Govern anunció que no terminará la legislatura sin abrir también esta fosa. Al fin y al cabo, se trata de personas “desaparecidas” (la mayoría catalanas) cuyas familias llevan 86 años esperando noticias. Además de Sa Coma, se abrirán tres fosas cercanas en la finca de Torrenova (donde había un hospital republicano), en la finca Son Escrivá y en el cementerio de Son Carrió.

Todas estas exhumaciones ayudarán a resolver uno de los grandes enigmas de la batalla: el número de muertos. Sobre del bando sublevado, solo tenemos la cifra que dio el propio régimen y es escandalosamente baja: 78 hombres. Justo estos meses estoy realizando un estudio nominal para saber la verdad.

En cuanto a los antifascistas, las cifras van desde las 200 hasta cerca de 1.000. Los historiadores catalanes Gonzalo Berger y Jordi Oliva han entregado al Govern un listado con 192 nombres. Otros como Massot i Muntaner dicen que el número de muertos republicanos fue “enorme” y “serían más exactas las cuentas” que hablaban de “1.700 bajas, entre muertos y heridos”.

El comandante de la expedición catalana, Alberto Bayo, dice en sus memorias que sufrió 422 bajas solo el primer día de desembarco. Luego dice que la defensa del frente sur, el llamado Parapeto de la Muerte, le causaba «entre 8 y 10 muertos diarios». Eso supone un total de 150 muertos solo en este punto. “Para no desanimar a mis fuerzas, ordené que los cadáveres se enterraran en silencio sin honores militares pese a su graduación”, confiesa Bayo.

La hermana superiora del Hospital Militar de Palma, sor Oliva Abab, escribió sobre las víctimas republicanas: “En menos de veinte días quedaron completamente destrozados, quedando el mar y sus alrededores sembrados de cadáveres. Según decían los que los vieron, era una cosa que imponía”.

El reciente libro del historiador Tomeu Garí dice que durante la batalla “murieron víctimas de la represión o en acción de guerra entre 1.700 y 1.800 personas. Unas cifras realmente escalofriantes y totalmente inéditas que ponen de manifiesto la magnitud de la tragedia”. 

(Columna Tejiendo historia, publicada en el diario Ultima Hora (Mallorca) el viernes 29 de julio de 2022. Se publica una semana en martes y la siguiente en viernes. Sale en papel y digital)

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18 años de memoria histórica

El primer gran acto de reconocimiento a las víctimas del Franquismo fue el 25 de junio de 2004 en el pueblo de Rivas, en el sur de Madrid. Asistieron 741 víctimas que fueron arropadas por más de 30.000 personas, entre las que estaba yo. Para mí, fue muy emocionante conocer a ilustres antifascistas como Milton Wolff, el último comandante de la Brigada Lincoln, y Theo Francos, voluntario francés que vivió 68 años con una bala pegada al corazón.

Fue un acto enorme, en el que la frase más repetida fue “perdón por llegar tan tarde”. Actuaron los clásicos artistas de la izquierda (Ismael Serrano, Ana Belén, Aute, Llach…) y hablaron Pilar Bardem, Almudena Grandes, El Gran Wyoming, etc. Aquel acto pagado por el Ayuntamiento de Izquierda Unida fue el inicio de miles de reconocimientos por toda España. Se dio voz por primera vez a los perdedores de la guerra civil y se puso sobre la mesa una cuestión importante: la recuperación de los cuerpos de miles de represaliados para darles una digna sepultura.

Dieciocho años después, se han recuperado 11.000 cuerpos y hay una ley de memoria histórica que obliga al Estado a correr con todos los gastos de las exhumaciones. Ya no serán asociaciones subvencionadas sino los organismos públicos quienes se encarguen de todo. Además, no importa a qué bando perteneció la víctima. Es un avance muy importante en los derechos humanos.

Baleares tiene ahora una ley de memoria aprobada por unanimidad del Parlament y el Govern de Armengol ha sido el segundo de todo el país que más ha invertido en este asunto (en términos relativos, en base al presupuesto total. Aquí los datos). Va a terminar la segunda legislatura abriendo todas las fosas posibles y hasta ahora ha recuperado 220 cuerpos, de los cuales se han identificado y entregado a las familias 40. La última fue el joven alaroner de 18 años Jaume Ordinas Arrom.

Según la monumental investigación de Tomeu Garí, en Mallorca hay unas 1.800 víctimas de la represión fascista. El Govern solo tiene identificadas a las familias de 350 de ellos. Sorprende que falten tantos todavía. Quizá, uno de los problemas es el uso político de la memoria. Conozco descendientes de víctimas que no son de izquierdas y no se sienten cómodos en según qué actos.

El Govern ha destinado para el año que viene 1,3 millones de euros. La gran novedad es que se abrirá la fosa de la playa de Sa Coma, donde varias fuentes indican que hay enterrados cientos de milicianos antifascistas de la Batalla de Mallorca. La Generalitat de Catalunya está recogiendo muestras de ADN de personas que llevan 80 años esperando noticias de un familiar que se fue a luchar a Mallorca en 1936.

Además, se van a financiar 15 estudios, entre ellos los bombardeos italianos que salieron de Mallorca contra la península y los ataques republicanos contra la isla, que dejaron más un centenar de muertos. Estas últimas víctimas jamás han sido reconocidas por las instituciones democráticas de Baleares.

La nueva ley de memoria a nivel nacional aprobada el viernes ha declarado ilegal el Franquismo y anulado todas sus sentencias. Hemos avanzado mucho en derechos humanos pero esperemos que no se nos vaya de las manos como para reconocer como víctima a condenados por el Franquismo como Pedro Marqués, responsable de 250 asesinatos en Menorca.

(Columna Tejiendo historia, publicada en el diario Ultima Hora (Mallorca) el martes 19 de julio de 2022. Se publica una semana en martes y la siguiente en viernes. Sale en papel y digital)

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‘El oro de Mussolini’, entre los más vendidos de Historia

El oro de Mussolini (Arzalia) está entre los libros de Historia más vendidos a nivel nacional. El diario 20 Minutos lo ha incluido en la lista del mes de junio de 2022 junto a otros nueve títulos. El libro salió a la venta en mayo y en un mes ha alcanzado la tercera edición. ¡Muchas gracias! 🙏

Aquí se se puede ver la lista completa de los más vendidos.

El libro llegó a estar el noveno más vendido en Amazon en junio.

También fue el tercero más vendido de la Feria del Libro de Palma (Mallorca).

¡Muchas gracias! 🙏

El oro de Mussolini, en Amazon.

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Homenaje a Martina Morey Mascaró

Este domingo falleció mi vecina de toda la vida. Le quedaban 11 días para cumplir 98 años. “Cuando cumplas cien te dedicaré un artículo en Ultima Hora”, le decía, y ella me abrazaba sonriendo. Su hijo asegura que a mí sí me reconocía. Un ictus le había hecho perder la memoria y en los últimos meses apenas respondía a estímulos. Yo la recuerdo siempre cariñosa y alegre. Me cuidó muchas veces de pequeño. Mi madre me preguntaba dónde me quería quedar y yo contestaba siempre lo mismo: “En casa de Anina”.

Martina rompía el estereotipo del carácter mallorquín. Era una persona muy abierta que conocía a todo el barrio y le encantaba visitar a los vecinos. Tenía una forma especial de llamar al timbre. “Esa es Martina”, decía mi madre. Y aparecía ella con naranjas de su finca como excusa para charlar un rato.

El tema estrella era su pueblo: Maria de la Salut. Allí nació Martina el año 1924 en una familia de payeses. Con solo 11 años empezó a trabajar guardando niños y recogiendo almendras. Un año después vivió la Guerra Civil. Ella recordaba cómo los falangistas obligaron a su padre a pagar 250 pesetas por haber votado a las izquierdas. Este pueblo fue uno de los pocos de Mallorca donde el Frente Popular obtuvo mayoría en las elecciones de 1936. La familia no tenía ese dinero y, cuando creían que vendrían a detenerlo, intervino el alcalde, que era su primo, y le perdonaron la multa.

Cuando cumplió 20 años, Martina se casó con otro payés del pueblo: Miguel Fiol Arlés. Se dedicaron a trabajar en la finca de Son Fiol, propiedad de la familia March, y tuvieron dos hijos: Antonio y Miguel. Con el tiempo prosperaron y se pudieron comprar su propia finca.

La vida le dio un revés en 1963. Su marido murió de cáncer con solo 47 años. Nunca quiso rehacer su vida: “Yo soy mujer de un solo hombre”, decía. Era muy fuerte. Nunca se puso enferma: “Solo he guardado cama después de parir”, repetía.

En 1975 se compraron un piso en la avenida San Fernando de Palma y comenzaron una nueva vida. En los últimos años se le veía pasear por la zona con su andador. Se sentaba en el banco de la esquina y, sin apenas visión, se emocionaba cuando alguien la saludaba.

El funeral fue oficiado este lunes en Maria de la Salut. Se encargó el sacerdote Jaume Ribas. «Tú debes decir la misa cuando me muera”, llevaba años advirtiéndole. Facebook se llenó de condolencias. Que descanse en paz una persona buena de verdad.

(Columna Tejiendo historia, publicada en el diario Ultima Hora (Mallorca) el viernes 15 de julio de 2022. Se publica una semana en martes y la siguiente en viernes. Sale en papel y digital)

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La doble tragedia de Maria Bueno Picornell

Maria Bueno Picornell con su hija, Magdalena Riera Bueno. Archivo familiar de Floreal Gómez.

Hablando estos días con descendientes de mallorquines exiliados, he podido conocer una de las historias más terribles de la guerra civil: la de Maria Bueno Picornell. Un bombardeo republicano en Palma mató a su madre y a su hermano pequeño; poco después, el bando franquista la encerró en prisión y fusiló a su marido. Vivió el resto de su vida hundida en la pena, abrazada a su única hija, hasta que murió rodeada de silencio en Barcelona en 1996. Su nombre quedó borrado de la historia. No tiene memoria, homenaje ni placa alguna.

María nació en el centro de Palma, en la plaza del Pes de sa Palla, en una familia de seis hermanos. Su padre era inspector de tranvía. Durante los agitados años de la II República, ella comenzó a simpatizar con las izquierdas y se casó con un militante comunista activo, Josep Riera Ramon, miembro de Socorro Rojo Internacional. Pronto tuvieron una hija: Magdalena Riera Bueno.

La suerte les sonrió en julio de 1936. El golpe militar les cogió en Barcelona porque habían ido a ver la Olimpiada Popular Antifascista. Aquello les salvó de la represión que se estaba desatando en Mallorca contra todos los izquierdistas. Seguro que Josep Riera hubiera sido detenido. Toda la familia celebró la victoria sobre los sublevados en Cataluña y luego Josep se alistó como miliciano en la expedición del capitán Bayo para liberar las islas.

Las fuentes son escasas. Según las fichas del historiador Gonzalo Berger, Josep se afilió al PSUC y se enroló en la columna comunista del Comandante Cabrera. Salió de Barcelona para Menorca el 3 de agosto de 1936. Allí, según el historiador David Ginard, sería nombrado secretario de Ayuda del Secretariat Antifeixista Mallorquí. Participó en la Batalla de Mallorca y, tras la derrota, parece que la familia se quedó un tiempo en Menorca porque Josep no firmó el retorno en su ficha de miliciano.

La tragedia llegó el 31 de mayo de 1937. Ese día, tres bombarderos republicanos atacaron el núcleo urbano de Palma y asesinaron a diez civiles inocentes. Una de las bombas cayó en la plaza del Pes de sa Palla y mató a la madre de Maria, Maria Picornell Mayol, de 41 años, y a su hermano pequeño, Alfonsito Bueno, de solo 15 años. (Aquí la historia de este bombardeo)

La segunda tragedia llegaría tres meses después. La familia navegaba de Barcelona a Menorca cuando fueron capturados por la marina franquista. Ambos fueron encerrados a la espera de juicio. Según la causa militar, Josep era culpable de militancia comunista y haber dicho en el barco que “prefería morir a caer en manos de los falangistas”. Fue fusilado en el Fortín de Illetas al alba del 31 de enero de 1938. Su familia todavía busca su cuerpo.

Mientras, María, sufría en la oscuridad de una fría celda la pérdida de su madre, su hermano pequeño y su marido. Un día, apareció un rostro familiar al otro lado de los barrotes. Era su hermano Jaume, que había sido movilizado y destinado a la vigilancia de la prisión. Ella aprovechó aquellas interminables jornadas para bordarle una cartera: “De Maria, para Jaime. Te quiero mucho”.

La guerra desperdigó a los descendientes de las familias.  Unos se fueron a Filipinas, otros a Francia, otros siguen en Mallorca… Algunos todavía no se hablan debido al conflicto. La herida fue muy profunda.

Josep Riera Ramon y Maria Bueno Picornell con su hija, Magdalena Riera Bueno. Archivo familiar de Floreal Gómez.

(Columna Tejiendo historia, publicada en el diario Ultima Hora (Mallorca) el martes 5 de julio de 2022. A partir de ahora se publica una semana en martes y la siguiente en viernes. Sale en papel y digital)

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Orgullo heterocurioso

Queridos compañeros heterosexuales que esperamos las celebraciones del Orgullo como agua de mayo. Somos legión. Hoy empiezan las celebraciones y nos vamos a acercar a curiosear allí donde haya música y un montón de tíos saludándose con besos en la mejilla. Estamos en la era del mestizaje y el Gay Pride ya no es de los gais, es de los heterocuriosos.

Según Google, un heterocurioso es una persona heterosexual dispuesta a tener relaciones homosexuales. A veces, puede ser un homosexual o bisexual que no acaba de salir del armario. Como la RAE no reconoce el término, yo amplío esa definición. Para mí, es un heterosexual al que le encanta rondar los ambientes LGTBI y se siente como uno más. El típico cliente fijo de la Demence. Revisen por ejemplo las fiestas de estos días y verán que somos mayoría. Por ello, yo reivindico también nuestro Día, la paz, el amor y la libertad.

La gran fiesta heterocuriosa de Palma es la del Bar Flexas de este viernes 8 de julio en el Parque del Mar. Una vez cada año este pequeño bar nos hace saber la gracia que tienen los palmesanos para organizar una verbena. Hay actuaciones musicales gratis y encima no llueve como en Sant Sebastià. Este año se celebra el 18 aniversario y hay más ganas porque salimos de la pandemia. El festival empezará a las 20.30 horas y acabará como siempre de madrugada. Allí estaremos los heterocuriosos felices de celebrar el Orgullo con nuestros iguales.

Cada vez somos más. Las generaciones que vienen detrás vienen curtidas en la curiosidad. Han crecido con la liberación sexual y tienen algo que otros no tuvimos: la capacidad de elegir. Como profesor de jóvenes de 20 años, admiro el enorme respeto de estas nuevas generaciones hacia los derechos LGTBI. Jamás he visto en clase los agravios que eran costumbre en nuestras aulas de EGB. Ojalá hubiéramos llegado antes.

El otro día se produjo un gran avance en la visibilidad del colectivo. Los reyes recibieron en palacio, con majestuosa curiosidad, al presidente de Luxemburgo, Xavier Bettel, y a su marido, el arquitecto belga Gauthier Destenay. Además, durante la cena, la pareja fue colocada al lado del dirigente húngaro, Víktor Orbán, conocido por no ser heterocurioso.

Todavía hay 69 países que criminalizan la homosexualidad. España es de los más avanzados en libertades –fue el tercero del mundo en legalizar el matrimonio igualitario– pero todavía existe discriminación social. Es la gran condena del siglo XXI: que tu familia o amigos te rechacen por amar a tal o cual persona. Debemos acabar con eso para siempre. Hala, me voy a ver la serie de Locomía. Tengo curiosidad.

(Columna Tejiendo historia, publicada en el diario Ultima Hora (Mallorca) el viernes 1 de julio de 2022. Sale cada 15 días en papel y digital)

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