René y el máster de Milikito

Mi amigo René ha llegado muy lejos y tiene un máster de la Universidad Rey Juan Carlos firmado por Milikito, el payaso de la tele. Esto supera a Cifuentes, Casado y un Montón más juntos. René ahora es rico y famoso. Es un artista que ha trabajado para Madonna, estrellas de la NBA, NFL, etc. Y esto con un papel firmado por Milikito. Así lo recuerda él.

Suena a broma pero, hablando en serio, el máster es de Guion de Televisión y Milikito (Emilio Aragón) es el dueño de Globomedia, una de las productoras más importantes de España. Le sirvió para trabajar unos años en programas de televisión, como uno de IB3 que un día hizo cero de share. ¡Cero! Hasta que le ficharon como guionista de Buenafuente. Estuvo dos años en Barcelona y el día que más recordamos fue el que Berto Romero mostró una foto de René saliendo de una piscina. Deslizó cómo se llamaba –René Álvarez Mäkelä- y se le agregaron al momento 50 chicas al Facebook. Contemplen el impacto de quedar bien en televisión.

Pero llegó la crisis y Buenafuente terminó, así que René volvió a Palma con una licenciatura en Publicidad delante y un máster de Milikito detrás. No había dinero ni trabajo. Ni expectativas a medio plazo. Los guionistas que cobraban 5.000 euros al mes con sólo 25 años entraban en rehabilitación. Todo pintaba tan mal que recordó que él pintaba muy bien.

Resulta que René era el artista del colegio La Salle. El profesor de Dibujo lo tenía enchufado y suspendía el resto de asignaturas. En ese momento lo conocí yo, cuando en 3º de BUP coincidimos en número de votos para desfilar y vi que era tan bajito como yo. Le dije que desfiláramos porque dos enanos sobre la pasarela quedan mejor que uno. Y accedió. Luego un profesor tuvo la genial idea de colocar los pupitres juntos de dos en dos por orden de lista, así que Aguilera-Álvarez se unieron y yo pasé de suspender cero a suspender ocho asignaturas. Él pasó de catear ocho a siete, así que algo ganamos. La cuestión es que él dibujaba para la revista del colegio y aprovechó para retratarme vestido de punki con dos patines rogándole a mi ex que volviera conmigo: «¡Por favor, me haré hippy!». No volvió.

El tema es que 15 años después, René se puso a pintar cuadros por encargo. Y como era tan bueno, triunfaba en las redes sociales, sobre todo Instagram. Sofisticó su estilo hacia el pop art, con colores flúor llenos de vida. Buenafuente, que también pinta, quedó encantado y le hizo retuit. A partir de ahí, los famosos llegaron en cadena: Jorge Lorenzo, Cara Delevingne, Austin Rivers (NBA), Cam Newton (NFL), etc. Ahora hace lo que le gusta y gana dinero. Un crack de verdad, no del Montón.

(Columna Los últimos de MalleEl Mundo / El Día de Baleares, 17 de septiembre de 2018)

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Periodistas en Primera División

La serie ‘Fariña’, de Antena 3 y Netflix, basada en el libro del periodista Nacho Carretero.

Tom Wolfe dice que pasar de periodista a escritor es como subir a Primera División. Él era lo contrario, un escritor metido a periodista, y eso le permitía jugar en la categoría que le daba la gana, como Hemingway o Capote. Últimamente hay periodistas que suben a Primera División con mucho éxito, como en los años sesenta. El proceso suele ser este: trabajan bien en un periódico, el director les premia con una columna y poco después publican un libro. Wolfe lo explica así: «Se distinguía a los mejores redactores con una columna. Así se perdía un buen reportero y se ganaba un mal escritor».

Escribir algo bueno es muy muy difícil y publicarlo ya no te digo. John Kennedy Toole se suicidió antes de ver su libro publicado. Todas las editoriales lo rechazaron. Su madre se empeñó y consiguió que La conjura de los necios fuera bestseller y Premio Pulitzer. J. K. Rowling escribía en bares de Edimburgo cuando su hija dormía y Harry Potter fue rechazado por 12 editoriales. Muchísimos escritores han pasado por trabajos penosos (comparados con escribir, claro): Faulkner era lavaplatos; Steinbeck, albañil, y Murakami ponía copas en un bar.

El periodista Nacho Carretero aprendió de su experiencia de camarero de comida rápida que no quería ser camarero de comida rápida. Trabajaba de freelance vendiendo reportajes cuando ofreció a la editorial Libros del KO un libro sobre Ruanda para dar a conocer el estado del país, en plan Kapuscinski. «O podría escribir sobre el narcotráfico gallego», añadió. Fariña ha vendido 100.000 ejemplares y hay una serie de televisión.

Tom Wolfe firmando libros en Buenos Aires.

La historia de Manuel Maristany con La enfermera de Brunete es paradigmática de cómo funciona el tema. Las editoriales lo rechazaron durante 30 años. Una le puso la excusa de que era una novela «de derechas». Él lo recuerda así: «En el fondo estoy muy agradecido a estos señores porque, gracias a ellos, la fui corrigiendo» (Tolstoi también corrigió ocho veces Guerra y Paz). Al final, Maristany financió de su bolsillo la primera tirada en una editorial de libros esotéricos. Una buena crítica en La Vanguardia hizo que Planeta llamara a su puerta con un cheque de 20.000 euros.

Ganar dinero con un libro es muy difícil. El contrato estándar da al autor sólo el 10% del precio de venta. Es decir, que si tienes el éxito de Javier Cercas y vendes un millón de ejemplares de Soldados de Salamina a 15 euros cada uno, te llevas 1,5 millones. Luego están los derechos de la película y tal. Pero vamos, la mayoría de los títulos venden sólo unos cientos de ejemplares y las editoriales no recuperan la inversión hasta que venden 400, así que hay muchos deficitarios. El autor nunca controla las ventas ni las devoluciones, debe fiarse de las editoriales, así que muchos prefieren publicar directamente en Amazon y así controlar los números. El año pasado se publicaron 87.000 libros en España, un 7% más. La competencia es brutal. Compañeros, la Primera División es muy jodida.

(Columna Los últimos de MalleEl Mundo / El Día de Baleares, 3 de septiembre de 2018)

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El bar Feliz

El bar Feliz, en la calle Juan Crespí, en Palma.

EL BAR MÁS cercano a mi casa se llama Feliz. Debería ser un bar cualquiera -estrecho, sin nada especial- pero la pareja china que lo lleva le puso el nombre de Feliz y lo ha convertido en un centro de reunión de currelas donde pasan cosas extraordinarias. Es como la tienda de discos Sex de Londres, donde nació el punk y dicen que pasaban cosas increíbles si permanecías el tiempo suficiente. El bar Feliz es así y lo sé sin haber entrado nunca.

No sé, hay gente que le hace feliz escuchar a Aretha Franklin; yo sonrío cuando paso la puerta del Feliz. Siempre pasa algo. Tiene dos pequeñas mesas en la acera y obliga a los transeúntes a desfilar entre el jolgorio de la terracita y la entrada del bar. Cuando en el pequeño pasillo me mezclo unos segundos con la clientela, gente de mediana edad hartos de trabajar, suele pasar algo extraordinario: un comentario, un gesto… El otro día uno de los clientes cogió a un chaval de 14 años -debía ser el hijo de su amigo- y señaló a dos chicas adolescentes que pasaban cerca.

– Si yo tuviera tu edad ya estaría allí.

– A ver si te crees que yo me voy con la primera que pasa -contestó orgulloso el chaval.

Otro que escuchó la escena se levantó indignado y le gritó: «¡Ya dejarás de ser tan exigente!».

En otra ocasión veía ya jaleo de lejos, así que me esperaba una buena. Veía debate acalorado con cuerpos incorporados de la silla y brazos al aire. Me acerqué sigilosamente queriendo pasar inadvertido y oí el origen de la disputa: «¿¡Que un toro de lidia no puede con dos leones!? ¡¡Madre mía, no tienes ni puta idea!!». El otro sentenció: «¡No me jodas, si el león es el rey de la selva!». Reflexiones de Santa Catalina a las siete de la tarde.

A veces no son horas de jolgorio. Por ejemplo, las tres de la tarde. A esa hora pasé el otro día y sólo había una silla ocupada en la terraza. Un día tranquilo -pensé-, pero el único cliente que había estaba completamente dormido con una caña entera a su lado. Se ve que el camarero tardó un poco.

El bar Feliz es justo lo contrario a los locales gafados que hay en todas las ciudades. Yo llegué a regentar un bar que el anterior dueño había llevado a una bruja para quitarle el mal de ojo. Era un local muy bien situado, con una pedazo terraza, pero no se sentaba nadie. No había explicación científica para ello. Yo tenía un mes de vacaciones y el dueño, desesperado, me dijo: «Ábrelo si quieres». En el fondo quería decir, «si te atreves». Mi gestión fue regular porque se llamaba Cafetería y no servíamos café, pero bueno, esa es otra historia.

El bar Feliz es diferente, está cargado de las proezas de la gente normal, como dice Loquillo. Creo que voy a celebrar mi cumpleaños ahí.

(Columna Los últimos de MalleEl Mundo / El Día de Baleares, 20 de agosto de 2018)

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La moto del parking de Son Espases

El Hospital Son Espases (Palma).

NOS VENDEN la moto de que los parkings de los hospitales Son Espases (Palma) y Can Misses (Ibiza) van a ser gratis. Eso no va a pasar ahora ni en los próximos 20 años. Los vamos a pagar igualmente, pero en lugar de hacerlo como ahora, cuando los usamos, lo haremos vía impuestos, vayamos al hospital o no. Pasa lo mismo que con el Túnel de Sóller, lo seguimos pagando, pero vía impuestos (16 millones). Me encanta ver a la gente contenta porque, como diría la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, “el dinero público no es de nadie”. Estamos felices porque el gobierno nos da algo gratis cuando gratis no hay casi nada en este mundo, y menos un servicio público. Todos pagamos, de una manera o de otra.

Los parkings de Son Espases y Can Misses se los van a cobrar las empresas constructoras con 50 millones de euros (ojo, un centro de salud vale unos tres millones) en cómodos plazos los próximos 20 años. Este bonito gesto de Armengol a un año de las elecciones nos deja una hipoteca de 2,5 millones anuales. Yo no digo que no sea gratis, me parece perfecto, a mí me preocupa que nos vendan la moto, como dice Chomsky, diciendo que el parking será gratis. Eso es mentira.

El problema de todo esto es que Son Espases es un negocio. Fue concebido como tal por el popular Matas y el gobierno socialista de Antich lo continuó porque era tarde para pararlo. Matas quería construir un súper hospital sin gastarse el dinero que no tenía así que siguió el modelo público-privado de Margaret Thatcher: que las empresas bajaran el precio de la construcción a cambio de cederles 30 años la gestión de los servicios no asistenciales del hospital. Vamos, que todo lo que no lleva bata blanca pertenece a una empresa privada. ¿Por qué cree usted que el agua y la televisión es de pago? El parking, máquinas de vending, cocina, bar, lavandería, guardería, telefonía, limpieza, seguridad… Todo pertenece a las empresas constructoras de Son Espases, que son cuatro: FCC, Dragados, Llabrés Feliu y Melchor Mascaró. Por todo esto, el Govern balear pagará a estas empresas más de 1.000 millones (¡!) de euros hasta 2039.

El exconseller de Salud, el socialista Vicenç Thomàs, inauguró el hospital en estas condiciones cuando las había criticado. Le pregunté por ello y su respuesta fue: “Evidentemente critiqué este modelo pero había una coyuntura económica determinada. Nos encontramos con una obra empezada que no había manera económica y jurídica de echarla para atrás. En la coyuntura actual [crisis de 2010], si queremos hacer obra pública, la respuesta que hemos recibido del gobierno es que el modelo debe ser de colaboración público-privada”.

Por eso, en Son Espases hay bancos, joyerías, papelerías, un pequeño súper, etc. Sólo falta un Zara. En 2010 el gerente del hospital llegó a enviar un correo a los casi 5.000 trabajadores recordándoles que podían convertir su tarjeta en VISA del Santander en la oficina que hay en el complejo. Surrealismo socialista.

(Columna Los últimos de MalleEl Mundo / El Día de Baleares, 6 de agosto de 2018)

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El estajanov mallorquín

Ahora que vivimos con gobierno socialista, propongo recuperar un premio de la era soviética: el Héroe del Trabajo Socialista. Podemos dejarlo en Héroe del Trabajo, como ha hecho Putin, nuevo líder tácito de la internacional socialista. Lo propongo para premiar a esas personas que todos conocemos que trabajan como si no hubiera un mañana. Yo tengo mi propio candidato. Me refiero a esos estajanovistas que en dos días hacen lo mismo que nosotros un mes. Les das un trapo usado y una navaja y te levantan un centro comercial. Todo viene por Aleksei Stajanov, un ruso que en 1935 extrajo 102 toneladas de carbón en un solo turno, unas 14 veces más que la media de sus compañeros.

En España existe la Medalla al Mérito en el Trabajo, que se supone que deben ganar personas que han cotizado mucho, pero en los últimos años se la han dado a Cándido Méndez y María Teresa Campos. Por favor, estos no tienen nada que ver con los obreros de verdad.

En Baleares se debería crear un premio así, en serio, Negueruela, porque no hay nada más solidario que pasar tu vida trabajando. Yo conozco a una persona que merece ese reconocimiento, es el que inventó la frase «llevo más horas que un reloj» y se llama Xisco Aguilera Vera. Es mi primo. Sí, queda un poco mal que yo lo proponga pero es cierto. Lleva 20 años trabajando sin parar y tiene sólo 38 años. Es el encargado/cocinero de una casa de comidas preparadas en Palma. Se levanta cada día a las 2 de la madrugada, pone las calles y no para hasta las 16 horas. Sólo libra un día de la semana (los lunes) y sus vacaciones se reducen a 10 días en noviembre. El trabajo le ha roto la espalda, literalmente, pero gracias a su esfuerzo el negocio marcha y ha podido contratar a 20 personas. Su vida se reduce a trabajar, dormir poco y estar con su mujer e hijos. Le pregunto cuándo va a disfrutar un poco, que nos vayamos al Viñarock o algo, y me contesta que cuando ahorre lo suficiente y pueda delegar el trabajo. Los que tienen un negocio saben que eso es muy difícil. El tiempo pasa y la libertad nunca llega. A este paso me iré al Viñarock con sus hijos.

Xisco es el estajanov mallorquín. El otro día hizo 3.000 croquetas de pollo en tres horas. No es coña. Yo, de verdad, admiro su capacidad de sacrificio y él siempre está de buen rollo. He comentado a mi compañero Javi de la universidad que iba a escribir sobre el estajanovismo y me ha preguntado si eso era bueno o malo. Me ha hecho pensar. Quizá trabajar mucho puede ser malo para uno pero siempre será bueno para los demás. Es lo más solidario que puedes hacer: trabajar y pagar impuestos. Por eso, no se me ocurre nadie mejor para dar una medalla que un trabajador, un héroe del trabajo.

(Columna Los últimos de MalleEl Mundo / El Día de Baleares, 23 de julio de 2018)

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Un héroe de Dios y de España

La maestra y periodista Margalida Capellà ha publicado en la editorial Lleonard Muntaner el diario y las cartas inéditas de un cura mallorquín que murió en la Batalla del Ebro: Cándido Fernández Bosch. Era capellán castrense de una unidad nacional y dejó gran material por escrito. Su familia lo guardó y dio la casualidad de que sus hermanas dieron clase y vendieron la casa familiar a Capellà, autora de Dones republicanes (2009), así que le cedieron a ella el tesoro histórico. Vamos, que ha escrito un libro sobre el anterior dueño de su casa. Supongo que Capellà se ha sentido incómoda escribiendo de una persona tan alejada de su ideología cuando tiene tan buena relación con la familia. Cosas del oficio.

Cándido era un joven sacerdote encargado de la Iglesia Nostra Senyora de la Salut de El Terreno que se enroló con entusiasmo en el bando nacional. Estuvo en la derrota de Bayo en Portocristo y después se trasladó a la península. Estuvo en los frentes de Extremadura y Guadalajara, hasta que llegó a la batalla más dura del conflicto: el Ebro. Estaba felizmente adaptado a la guerra y no quería ser relevado. Se negaba a abandonar a los mallorquines que participaban en la conquista de «la Cataluña auténtica, grande y españolísima». Allí, en Gandesa (Tarragona), encontró la muerte en un bombardeo el 22 de agosto de 1938. Tenía sólo 25 años. Un proyectil cayó sobre la casa donde estaba junto al también mallorquín Bartomeu Rosselló.

Su asistente, Antoni Llabrés, fue el autor de la terrible misiva que notificó la tragedia a la familia: «No sé cómo empezar… Los ojos me lloran y el corazón me está sangrando de dolor y de pena. Vengo a daros una noticia triste, muy triste, teñida en sangre…». El cuerpo de Cándido está enterrado en el Valle de los Caídos.

En sus escritos se revela un Cándido entregado a la causa franquista por defender a Dios y a España. Daba varias misas al día y era capaz de confesar a 200 combatientes antes de entrar en batalla. También «atendía» a los enemigos capturados: «Se coge un rojo de 50 años. Hay que fusilarle. Le confieso y le doy la extremaunción». Margalida Capellà afirma que no le conmovía «ningún sentimiento de piedad» al describir estos episodios en el diario.

Cándido era «la admiración» de sus familiares. Le enviaban poesías ensalzando su sacrificio: «Viva España, viva Franco. Beso tu mano, sobrino. Quiera el Corazón Divino, no paséis ningún quebranto». Él respondía: «Aun cuando mucho deseo veros, el disgusto mayor que tendría sería irme a Mallorca sin haber terminado la campaña».

Recibió varios homenajes en la prensa mallorquina. La revista Mater Purísima dijo que era «un héroe de Dios y de España», descripción que ha dado título al libro. En 1942 Palma le dedicó una calle en el barrio de El Amanecer. En 2008, PSIB y Més le cambiaron el nombre por el del cantante catalanista Guillem d’Efak.

(Columna Los últimos de MalleEl Mundo / El Día de Baleares, 9 de julio de 2018)

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El asesinato de Andrés Riera Enseñat

Carné militar de Andrés Riera Enseñat.

ANDRÉS SABÍA que lo matarían. Si entraba en una celda, sólo saldría para morir al alba pegado a la pared del cementerio. Lo acababan de detener y la sentencia ya estaba dada así que su única posibilidad era huir. Lo intentó, pero salió mal. Su nieto Carlos Rosell me pasó el otro día todos los expedientes del caso (copiados por Memoria de Mallorca) y quedamos en que daría a conocer la historia. Una víctima más de la represión fascista de los primeros días de la Guerra Civil Española.

Andrés Riera Enseñat era de Andratx (Mallorca) y tenía 28 años cuando llegó el golpe militar. Le pilló en Palma y cuando vio que los acontecimientos se torcían se escondió en una «barraca subterránea» de Ses Cadenes, en El Arenal. Era un conocido comunista y sus compañías estaban también fichadas como «extremistas». Patrullas de falangistas los buscaban noche y día desde el 18 de julio de 1936.

El 30 de julio fue atrapado por una de esas patrullas en Ses Cadenes. Según el expediente, en la puerta de su escondite ponía: «Abajo la pena de muerte, viva el comunismo». Dentro había ropa, unas sartenes, cinco pesetas de plata, una bicicleta, ejemplares de «prensa extremista» y «diez libros de lectura marxistas de revolución».

Andrés se vio encañonado por cinco falangistas y solo pudo rendirse. Prefirió no oponer resistencia, de momento. Esperó a que se confiaran y al pasar por una casa pidió parar para pedir algo de agua y comida. La patrulla accedió y se presentaron todos en la casa. En ese momento solo había un joven, que se convertiría después en el principal testigo del terrible suceso. Entregó un vaso de agua a Andrés y este, al ver que los demás andaban despistados, decidió que era el momento de escapar. Lanzó el vaso de cristal sobre uno de sus captores y salió corriendo. El falangista José Falcó Oliver sacó su pistola y le acertó dos veces en la cabeza. Andrés quedó herido de muerte en la tierra de El Arenal. Los falangistas agarraron el cuerpo y lo llevaron a Palma. Tardaron varios días en identificarlo porque la familia no sabía nada. El silencio de estos hechos ha durado hasta hoy.

La Falange de Felanitx confirma la muerte en Portocristo de José Falcó Oliver.

El asesino tenía 35 años y pertenecía a La Falange de Felanitx. De hecho, su hermano Juan Falcó Oliver era nuevo alcalde franquista de ese pueblo.

La Guardia Civil fue alertada e inició una investigación días después. Interrogaron a todos los testigos e identificaron a José Falcó Oliver como autor de los disparos pero cuando iban a detenerle les dijeron que había muerto luchando contra los republicanos en Portocristo. Y era cierto. El asesino de Andrés ya no podía ser juzgado aunque de poco hubiera valido. La investigación le exculparía porque actuó «en defensa propia». Carlos sabe ahora que su abuelo Andrés era «un valiente». Fue detenido ilegalmente por sus ideas y eligió luchar por su vida antes que someterse. Un orgullo para la familia.

(Columna Los últimos de MalleEl Mundo / El Día de Baleares, 25 de junio de 2018)

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